Vista aerea de Porto da Cruz
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Ilha da Madeira · CULTURA

Porto da Cruz: el alambique que huele a mar

Engenhos humeantes, viñedos de lava y laurisilva: así se respira la Madeira más cruda

2134 hab.
209.9 m alt.

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  • IIPQuinta da Jangalinha

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Artículo completo sobre Porto da Cruz: el alambique que huele a mar

Engenhos humeantes, viñedos de lava y laurisilva: así se respira la Madeira más cruda

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El vapor se eleva desde el tazón de cobre del Engenho do Norte mientras el bagazo de caña fermenta en el aire. Es un olor que se te pega a la ropa, dulzón y quemado, que se mezcla con la salitre que trae el viento del norte. Porto da Cruz despierta así, entre el Atlántico y el anfiteatro verde de las montañas, con el Penha de Águia —quinientos ochenta metros de basalto vertical— vigilando la parroquia desde que tengo uso de razón.

La memoria de la caña y la cruz

El nombre viene de la cruz de madera que los mayores aún señalan cuando les preguntamos dónde atracaban las barcas. La Capilla de Santa Cruz ha menguado con los años, pero sigue ahí, pegada al mar. La Iglesia Parroquial de la Santísima Trinidad, mandada construir por los ingleses que venían por vino en el siglo XIX, domina la plaza donde los hombres se congregan a la sombra. En los alambiques, la historia sigue haciéndose a mano: João, que heredó el oficio de su padre, va a buscar caña a los campos de Santana y destila tres días seguidos. El primer aguardiente que sale es para los amigos; el resto se guarda para la poncha que hace doña Rosa en el bar de la esquina.

Socalcos que bajan al mar

Los viñedos son de quien se atreve a plantar aquí. Zé do Carmo tiene una parcela que le dejó el abuelo: unas cuantas hileras de vid entre plataneras, donde las uvas resisten la sal y el viento. Dice que es el Penha de Águia quien las protege, pero yo creo que es pura terquedad. Entre las piedras sueltas de los muros crecen higueras chumbas y maracuyás que los niños roban al volver del colegio. La playa de guijarros negros sigue ahí, cambiando de forma según el mar se lleva o trae las piedras.

Caminos de agua y piedra

La levada do Castelejo empieza justo detrás del ingenio. Los primeros metros son de empedrado, donde las gallinas de la vecina vienen a picar maíz. Luego se entra en la sombra de la laurisilva, donde el musgo lo cubre todo y el agua corre tan silenciosa que solo se oye cuando nos detenemos. La subida al Penha de Águia es para quien tenga piernas y valor: tres horas de subida directa, sin sombra ni agua. Arriba, el viento es otro. Se ve el Caniçal al fondo, el Porto Santo cuando el cielo está despejado, y Porto da Cruz se hace pequeño, tan pequeño que cabe en la mano.

Sabor a mar y adobo

César abre el horno a las seis de la mañana. El bolo do caco nace ahí, en la masa que deja levantar mientras va a buscar el pan de trigo a la panadería. La espetada se hace con lo que hay: vaca vieja de la sierra, marinada dos días en vino de la casa, con ajo de tierra y coloráo de la huerta. El pescado depende de lo que traiga Zeca: cuando hay, cherna o mero; cuando no, pez espada congelado. La poncha es de doña Rosa: tres dedos de aguardiente, uno de miel, zumo de limón hasta que rubie, batida con la vara de madroño hasta que espume.

Septiembre y la exaltación de la cruz

En septiembre, el quiosco de la playa se llena de sillas y las calles se engalanan con papel de seda. La procesión de la Exaltación de la Santa Cruz es lo que queda de cuando venían todos en barco. Ahora vienen en coche, en guagua, algunos en avión. La imagen es la misma de siempre, cargada de oropel, pero los cánticos son los que me enseñó la abuela. En las Trindades, en mayo, las puertas se abren a las visitas y las mesas se alargan hasta la calle. Los emigrantes que regresan hablan extranjero, pero comen estos días como si nunca se hubieran ido.

La playa de guijarros negros sigue ahí. A veces aparecen surfistas; otras, solo el mar y las piedras. El sonido es siempre el mismo: esas piedras que se rozan entre sí cuando la marea las arrastra. Al fondo, el Penha de Águia sigue cortando el cielo, y el vapor del ingenio aún se eleva, más lento ahora, mezclándose con la bruma que baja de la montaña cuando el día se acaba.

Datos de interés

Distrito
Ilha da Madeira
Municipio
Machico
DICOFRE
310404
Arquetipo
CULTURA
Tier
standard

Habitabilidad y Servicios

Datos clave para vivir o teletrabajar

2023
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TransporteSin servicio ferroviario
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Preguntas frecuentes sobre Porto da Cruz

¿Dónde está Porto da Cruz?

Porto da Cruz es una feligresía del municipio de Machico, distrito de Ilha da Madeira, Portugal. Coordenadas: 32.7594°N, -16.8335°W.

¿Cuántos habitantes tiene Porto da Cruz?

Porto da Cruz tiene 2134 habitantes, según los datos del Censo.

¿Qué ver en Porto da Cruz?

En Porto da Cruz puede visitar Quinta da Jangalinha. La región también es conocida por sus productos con denominación de origen protegida.

¿Cuál es la altitud de Porto da Cruz?

Porto da Cruz se sitúa a una altitud media de 209.9 metros sobre el nivel del mar, en el distrito de Ilha da Madeira.

13 km de Funchal

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