Artículo completo sobre Campanário: la campana que fundó un pueblo
En Ribeira Brava, Madeira, cada campanada convoca historias de espadañas, molinos y sopa de trigo
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La campana repica a mano antes de la misa de las once. Tres golpes secos, uno largo. El hombre que tira de la cuerda lleva cuarenta años en la torre y calcula al milímetro cada tirón. La campana de madera parece un artefacto de museo, pero sigue marcando el paso del día —y avisa cuando los bomberos necesitan voluntarios.
La parroquia que nació de una campana
Campanário se separó de Ribeira Brava en 1557. La iglesia actual es del siglo XVIII, pero el retablo barroco custodia una imagen de 1670 que, cuentan los mayores, puso fin a una plaga de langostas. En el atrio, el cruceiro de 1785 hace de punto de encuentro: allí se venden palomitas de maíz en las fiestas y los niños juegan al escondite tras el catecismo.
Los pajizos de paja del Largo do Serrado siguen habitados. Son tres: dos con gente dentro y otro convertido en aseo público. La antigua destilería de aguardiente cerró en 1982, pero el chimeneón sigue en pie —ahora sirve de referencia para quien se pierda en la levada. El puente de piedra sobre la Ribeira da Tabua resiste tractores desde 1867. El molino del Lombo do Abade abre los sábados por la mañana: muelen el maíz que les lleves, cobran 50 céntimos el kilo.
Sabores que se anclan en la tierra
El 15 de agosto, tras la procesión, se sirve sopa de trigo en el atrio. Lleva alubias negras del huerto, col menuda y chorizo casero; quien olvide su propia cazuela come en plástico y aguanta la mirada de las vecinas. La espetada es de vaca vieja, a la brasa sobre laurel seco, y viene con mojo de tomate maduro, cebolla en rodajas finas, vinagre de vino y pimienta de la tierra machacada en el mortero.
En el café O Campanário el poncha de mandarina cuesta 2 euros y se sirve en vaso de requeijón. En A Parreira, los viernes, cena con concertina —reserve: las veinte mesas se llenan con gente de la parroquia de al lado.
Laurisilva, pozas y piñas en miniatura
El sendero PR15 empieza detrás de la iglesia y baja 8 km hasta Ribeira Brava. Tres horas de caminata, tres túneles: lleve linterna. El Poço da Lapa está a 20 min del núcleo: agua a 18 °C todo el año, cuatro metros de fondo, entrada libre. Llegue pronto los fines de semana de verano; las familias de Funchal lo invaden.
A Fajã dos Padres se accede en barco desde la marina de Ribeira Brava (20 min, 15 € ida y vuelta) o en ascensor (3 min, 5 € por trayecto). El tomar-ananás es piña de verdad, pero del tamaño de una naranja: 5 € el kilo, solo allí. La playa es de cantos negros, tiene duchas de agua dulce y hamacas por 3 €.
Lo que se queda en el oído
Cuando la campana toca a las siete de la tarde, algo ha pasado: un fallecimiento, un accidente o misa de cuerpo presente. El sonido recorre la ladera en treinta segundos y todos descifran el código. Así viajan las noticias en Campanário.