Artículo completo sobre Lomba, el altiplano donde la niebla olvida el tiempo
A 456 m, entre basalto y vacas, respira la meseta más silenciosa de Flores
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La niebla se aferra al altiplano como quien se resiste a despertar. A 456 metros, Lomba respira otro aire: más escaso, más frío, impregnado de la humedad atlántica que asciende por los barrancos. El viento rastrera los pastos y el silencio tiene un peso casi físico, roto solo por el mugido remoto de una vaca o el graznido de alguna ave marina que se ha extraviado tierra adentro.
Doscientas personas habitan estos 9,6 km² de meseta volcánica. Veintiocho niños, treinta y dos mayores. El resto está en el intermedio, intentando no irse.
Paisaje de pizarra y verde
El basalto negro aflora por doquier. Lomba forma parte del Geoparque Azores, pero aquí nadie menciona ese nombre. Se limitan a decir «la piedra». Los muretes de piedra seca separan fincas desde hace siglos: líneas oscuras que serpentean por la ladera como cicatrices antiguas.
La luz cambia cada hora. Por la mañana, cuando la niebla se disuelve, el sol rasante ilumina los pastos donde las vacas pacen indiferentes al vendaval. Al caer la tarde, el Atlántico aparece al fondo. En el crepúsculo todo se vuelve plomizo y el frío aprieta.
Un día en suspenso
La vida gira en torno a la tierra y al ganado. La leche de las explotaciones familiares se lleva a la fábrica de Santa Bárbara. Se elabora queso São Jorge, pero no hay viñedos: la clasificación de este paisaje agrícola incluye solo pastos, no viñas.
En las casas bajas de piedra y cal, el humo de la chimenea dibuja espirales perezosas. El olor a leña se mezcla con el aroma de tierra mojada, sal traída por el viento y estiércol fresco en los corrales.
Silencio en vertical
Lomba carece de miradores. Ofrece senderos de tierra apisonada donde se puede caminar horas sin cruzarse con nadie. El sonido del viento en los pastos altos se queda en la memoria como una nota grave, persistente, casi hipnótica.
Llegar aquí exige volar a Flores, conducir hasta Lajes y enfrentarse a las curvas de la ER1-2. Son veinte minutos desde la villa de Lajes. No hay transporte público.