Artículo completo sobre Remédios
En el altiplano de São Miguel, la vida se mide en tractores, vino volcánico y cafés sin prisa
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El aire sube húmedo por la Canada do Pico, trayendo el olor del pasto mojado y el bramido sordo de un tractor en la carretera regional 1-1. Remédios se extiende por 559 hectáreas a 406 m de altitud, donde viven 809 personas —119 con más de sesenta y cinco años, 98 con menos de dieciocho—. Aquí no hay semáforos; hay el cruce frente al Café O Encontro, donde Domingos para el tractor para charlar con Zeca, el de la ultramarinos.
Altitud y aislamiento
No es costa, no es ciudad: es el altiplano que parte la isla por la mitad. La casa del señor Jaime queda a medio camino entre la iglesia de Remédios y el campo de fútbol donde el CD Operário solía entrenar los miércoles. Cuando la niebla baja del Pico do Carvão, la carretera parece terminar en el muro de la Quinta do Pilar; después se abre otro corral, otro pasto, otro portón de madera que cruje por falta de aceite, no por falta de uso.
Vino y terroir volcánico
Entre la canada do Mato y la canada da Serra, don Jaime aún conserva media hectárea de viñedo. Las cepas crecen dentro de muretes de piedra — tapias de basalto que resguardan del viento y acumulan el calor de la lava de 1630. El vino sale tan ácido que sabe salado; lo embotella en garrafas de agua de boca desgastada, guarda unas cuantas en la bodega de la casa donde su padre almacenaba el maíz. No tiene etiqueta, ni la quiere: «Es para beber, no para enseñar».
Textura del día a día
El día empieza a las seis y media, cuando el coche de correos Mercedes sube la cuesta de la iglesia. El paquete de don Jaime — piezas para la motosierra — llega dentro de una bolsa de plástico amarilla, entregada por la mano de doña Lurdes, que conoce a todo el mundo por su nombre de pila. A las ocho, la cafetería ya tiene los pasteis de nata fríos y el expreso cinco céntimos más barato que en Ponta Delgada. El ultramarinos de Zeca abre a las nueve, cierra al mediodía, reabre a las dos y sirve bocadillos de atún hasta las cinco. Supermercado de verdad solo hay en São Gonçalo: se va en coche, o se coge la línea 103 que hace la ronda dos veces al día.
Geoparque y memoria geológica
El geoparque no atrae turistas; lo que trae es explicación para la piedra blanda que los tractors arañan. La canada do trigo muestra capas de ceniza gris — restos de la erupción de 1630 que ahogó la viña y enterró aldeas. En la canada do Pico, una piedra tiene agujeros redondos: burbujas de gas que estallaron cuando la lava se enfrió. Nadie ha colocado placa; don Jaime se lo enseña a los nietos y dice: «Esto es lo que queda cuando la tierra escupió fuego».
A las cinco de la tarde, la niebla baja otra vez de la sierra y tapa la iglesia. El campo de fútbol queda vacío, el café cierra, solo queda el crujido del portón de don Jaime cuando baja otra botella al sótano. Remédios no necesita más: tiene lo que tiene, y lo que siempre ha tenido.