Artículo completo sobre Cinco Ribeiras: el pueblo blanco que mira al mar
Casas encaladas, queso artesano y senderos entre acantilados en Terceira
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El blanco que deslumbra en Cinco Ribeiras
El blanco de las casas ciega al cruzar las Canadinhas. Ningún color en los zócalos, ni frisos: solo cal que se repinta cada verano. La costumbre le valió el apodo de «parroquia blanca» y nadie parece dispuesto a cambiarlo.
La iglesia de Nuestra Señora del Pilar, inaugurada en 1872, marca el centro. Más abajo, la ermita de Nuestra Señora de Lourdes sirve para bendecir las lanchas en junio. San Pedro es el patrón de los pescadores; las fiestas duran dos días y terminan con sopa de calabaza.
El terreno se dispara de 0 a 1.021 metros en 7 km. Tres ribeiras —Mouro, Cinco, Praia— horadan acantilados de basalto y pastan vacas. El agua baja siempre, incluso en agosto. La subida a Santa Bárbara empieza tras la fábrica de queso; son 900 m de desnivel en 4 km. Lleva agua y chaqueta: el viento gira 180° en la cima.
683 vecinos, 1.079 hectáreas. La Vaquinha compra la leche local y vende queso curado en la puerta: de lunes a viernes, 8-17 h. En el puerto, tres lanchas pescan pez espada y barril. El pescado parte directo a Angra; aquí no hay restaurante.
El sendero PR05 une el puerto con la ribeira do Mouro: 2,5 km, 45 min, barro tras la lluvia. Para bañarse, usa la poza natural junto al muelle. Agua fría, fondo de arena negra, corriente hacia el norte.