Artículo completo sobre Posto Santo: la parroquia donde el mar es solo rumor
A 482 m, entre bruma y musgo, vive el pueblo azoriano sin oceano
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La niebla llega primero a los pies, enrollándose en las laderas como el vapor que sale del café cuando se abre la puerta del «Paraíso» en día de lluvia. A 482 metros, Posto Santo es de los pocos lugares de las Azores donde el mar es solo rumor: no se ve, no se huele, no se oye. El resto es el mismo verde oscuro de las otras faldas, pero aquí el verde parece tener más musgo en el alma y menos sal en la piel.
Cuando la montaña se hizo nombre
Hasta 1980 esto era solo «arriba de Santa Luzia». Los registros le dieron carta de parroquia, pero la gente sigue diciendo «voy al Posto» como quien visita a un tío que eligió vivir solo. El nombre, cuentan los mayores, viene de una cruz o de una hornacina —nadie lo tiene claro, porque el tiempo y el rocío lo borran todo, incluso los recuerdos.
Geografía de bruma
Vivir lejos del mar en las Azores es como ser vegetariano en una parrillada: posible, pero exige explicaciones. Son mil y pico los habitantes, contados con los dedos de los vecinos. La temperatura baja tres o cuatro grados respecto a Angra, lo que significa que los abrigos de lana salen del armario en mayo y no vuelven hasta octubre. La niebla se cierra como una cortina y, cuando se abre, aparecen las vacas en el mismo sitio de ayer —solo que empapadas.
Última e interior
Posto Santo es la parroquia más joven del municipio, pero no se nota: las casas siguen siendo las de siempre, con puerta baja y ventana de contraventana pintada. No hay mirador con barandilla ni tienda de recuerdos. Hay, eso sí, el bar de Zé, donde sirven un café que vale por el calor de la taza en la mano, y el camino de tierra que sube hasta los pastizales donde el móvil pierde cobertura —algo que algunos agradecen.
Quien llega en coche piensa que se ha equivocado de salida; quien viene a pie entiende que no hay error: el silencio es este, el olor a tierra mojada es este, y lo único que se oye, quizá, es la campana de la iglesia dando las horas a la niebla.