Artículo completo sobre Crato: el reloj parado que marca la Alentejo profunda
Entre monjes y cráneos, el silencio de Vale do Peso late en cada piedra
Ocultar artículo Leer artículo completo
Las cuatro y media eternas de Vale do Peso
La luz de la tarre golpea las paredes encaladas de la iglesia de Vale do Peso, alzada en 1567 y remendada tras el paso de los franceses en 1811. El reloj del campanario, parado desde hace diecisiete años, se obstina en las cuatro y media. El silencio lo rompe solo la cogujada y el viento que remonta la ladera de alcornoques de la heredad da Contenda, comprada al conde de Olivais y Penalva en 1926.
Un puente «romano» que no lo es
El puente que cruza el Peso no es romano: lo mandó construir Don Juan I en 1396 con los impuestos de las ferias de Crato para sustituir la barca que funcionaba desde la época de los moros. La pizarra se sacó de la sierra de São Mamede; aún se ve el corte en la ladera norte. El arroyo da nombre al pueblo y se seca de junio a septiembre. Entonces los críos bajan a por «percebes de agua dulce» —así los llaman, aunque son larvas de tricópteros que se aferran a las piedras.
El monasterio que guarda 47 cráneos
El Monasterio de Flor da Rosa, fundado en 1356 por el prior del Hospital don Álvaro Gonçalves Pereira —padre del condestable portugués Nuno Álvares—, empezó con tres monjes. La iglesia se consagró en 1370; el retablo mayor, del año 1510, es obra del tallista Martim Lourenço, el mismo que talló el Cruceiro de Flor da Rosa, protegido desde 1910. Cuando la posada abrió en 1992, apareció en el claustro un osario con 47 cráneos; hoy reposan en el servicio de arqueología de Portalegre, etiquetados del 92/FR-01 al 92/FR-47.
Un altar de pino fingiendo mármol
La iglesia de Vale do Peso perdió su altar mayor en el terremoto de 1858. Lo que hoy se ve es un parche de 1861: madera de pino pintada para imitar mármol, encargado por el cura José María da Fonseca —el mismo que dejó apuntados los «Razones de la despesa» en la sacristía: 12 500 reales al carpintero Antonio de Jesús Venâncio y 3 200 al pintor Venâncio José, natural de Monforte.
Cuatro fuentes, una sola viva
De las cuatro fuentes originales solo la de la Bica sigue manando. La Nova, tapiada en 1974 tras un brote de fiebre tifoidea, sirve ahora de depósito a la cámara agrícola. La Formosa, donde las mujeres lavaban la ropa hasta los años sesenta, se secó en 1987 cuando la EDP abrió la zanja para la línea de media tensión. El agua de la Bica conserva 18 ºC todo el año —lo midió en 1981 el padre del actual presidente de la junta parroquial con un termómetro de mercurio de la cooperativa.
Casa de 1787 y chimenea que aún humea
Hay exactamente 623 fincas rústicas anteriores a 1945 en el catastro de 1951. La casa junto a la fuente de la Bica, con el año 1787 en la puerta, fue de los Carvalho, luego de los Carvalho-Neto; está vacía desde que el «Neto de la Panadería» se marchó a Lyon en 1999. La chimenea sigue echando humo en diciembre: vuelve su hermano desde Francia quince días, hace chorizo con la vecina doña Henriquina, de 87 años, que guarda el hierro de planchar de su padre.
Queso de Nisa y aceite de Contenda
El queso es, obligado, el de Nisa —el Mestiço de Tolosa dejó de fabricarse en Vale do Peso cuando desapareció la última cabra serpentina en 2003. El aceite es del lagar de la Herdade da Contenda, que muele las aceitunas de diecisiete productores desde 1958. Abren a las 6.30; el olor a hoja de olivo molido dura hasta el anochecer. Quien quiera comprar llama a la puerta del señor Alfredo: está ahí desde 1974 y sabe de memoria la producción de cada olivar por apellido.
Senda del Chamiço y necrópolis vacía
El sendero del Chamiço empieza en el cruce de la N-18, km 142, y sube 3,2 km hasta la dolmen. No hay señales: hay una piedra con una «X» marcada con tiza blanca que puso Joaquim das Oliveiras en 1997 para orientar a los alemanes que venían a estudiar la vegetación. La necrópolis del Azinhal tiene 23 túmulos excavados por Estácio da Veiga en 1876; los huesos están en la caja 47-A del Museo de Évora. Quien busque algo hoy solo hallará un surco en la tierra y una tapa de cerveza Super Bock de 1989.
Las siete y media de cada día
A las siete y media el campanazo repite tres veces: es el sacristán, que sube cada día desde 1983. El perro que ladra vive en casa del doctor Costa, médico jubilado llegado de Lisboa en 1994. La leña que huele es de encina, cortada en la sierra el Domingo de Ramos, traída en tractor por José Manuel, que deja un carrito en la puerta de los vecinos mayores.