Artículo completo sobre São Saturnino: olivos milenarios en un silencio de Alentejo
Entre Fronteira y la nada, 234 almas custodian olivos que vieron al Conde cobrar el foro
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La llanura se despliega en tonos ocre y verde oliva, pero quien conoce São Saturnino sabe que el verde no perdura: en los años secos, la tierra se resquebraja ya en marzo. Los olivares centenarios que se alzan entre el Cabeço da Atalaia y el Vale de Figueira resisten todavía —los más veteranos aseguran que los olivos del antiguo monte do Pego se plantaron antes de 1900, cuando aún se pagaba el foro al Conde de Fronteira—. Hoy quedan 234 vecinos repartidos en más de cuatro mil hectáreas, y muchas de las casas que se avistan desde la carretera comarcal 514 no son ya más que muros de piedra con puertas pintadas de azul, truco heredado de los abuelos para espantar el mal de ojo.
Geografía del vacío
La densidad alcanza 5,2 hab./km², pero la cifra apenas sirve: hay días en que no se cruza a nadie entre la aldea de São Saturnino y el lugar da Serra, siete kilómetros de pista donde el único movimiento son los todoterrenos de la GNR que pasan a las 18:00. La altitud media ronda los 200 m, pero el punto más alto se alza justo al sur, en el Cume da Pedra (319 m), desde donde se divisa la torre de la villa de Fronteira a 12 km —distancia que, antes del asfaltado de la carretera en 1963, exigía dos jornadas a pie con carro de bueyes—.
Sabor e identidad
El aceite pertenece a la DOP Norte Alentejano, pero en São Saturnino se habla sobre todo de la Cooperativa de Fronteira, fundada en 1954, que aún recibe aceituna de media docena de productores locales. El lagar solo abre de mediados de octubre al 30 de noviembre; quien no tiene cuota propia lleva la cosecha al lagar do Socorro, en Monforte, a 35 km. En las mesas, el queso es casi siempre de oveja merina, comprado en el mercado semanal de Fronteira (los miércoles) o cambiado por heno con los pastores de Tolosa. El pan lleva harina de trigo blando y masas de 24 horas —panadería habrá, pero quien no hornea en horno de leña baja al pueblo a la Central antes de las 9:00, cuando el autocar de la Rede Expresso aún no ha partido hacia Évora—.
Territorio de paso
Están registradas cuatro unidades de alojamiento local: tres casas de turismo rural (dos en el lugar da Serra, una en la aldea) y un anexo a la antigua escuela primaria, cerrada desde 2009, cuando solo quedaban tres alumnos. No hay cafetería ni tienda de ultramarinos —la última, la Mercearia da Conceição, bajó la persiana en 2017 cuando la dueña falleció a los 92 años—. Quien necesita gasolina o un litro de leche baja a Fronteira; quien busca patrimonio catalogado debe conducir hasta la iglesia matriz de Fronteira (siglo XVI) o al menhir da Meada, a 18 km, en el municipio de Castelo de Vide. De São Saturnino queda el olor a esteva quemada en abril, el sabor del aceite nuevo probado en la Cooperativa antes de ir al depósito y el silencio absoluto después de las 22:00, cuando hasta el perro del señor Agostinho deja de ladrar.