Artículo completo sobre Comenda, el pueblo donde el pan cuenta la historia
Entre hornos de leña y archivos familiares, vive el alma secreta de Comenda
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El crujido del pan de fermentación lenta rompe el silencio de la calle que sube hacia la iglesia. Casi es mediodía, la sombra ya no ampara los pies y el olor del horno de Zé Mário —ese que está junto al antiguo ultramarinos de la Glória— se mezcla con el polvo que levanta la calzada suelta. Al fondo, el cruceiro de 1783 sigue ahí, pero ahora hay un nido de golondrinas en el brazo izquierdo de la cruz y las inscripciones están tan desgastadas que solo se leen con la yema del dedo.
Archivo de un tiempo que fue cuerpo
Manuel Fitas nunca fue solo zapatero. Era el hombre que paraba la bicicleta para fotografiar un bautizo, que guardaba carretes en el sótano frío de la casa donde ahora vive la nieta. Cuando los nietos abrieron las cajas de zapatos en 2015, encontraron no solo los rostros que ya habían muerto: encontraron la ropa colgada en los tendederos detrás de la escuela, el olor al mosto de la vendimia, el sonido de las señoras que cosían en el umbral de las puertas. El archivo se abre cuando doña Isabel tiene tiempo, normalmente los martes y los viernes. No hay visitas guiadas: hay café de máquina y ella va buscando los álbumes según va surgiendo la conversa. Si le preguntan por las "Cotovias", enseña de inmediato la fotografía donde el padre Horácio —"ese que venía de Alcains y tenía la voz más grave que he oído jamás"— levanta los brazos en la procesión de la Bendición del Trigo.
Piedra, talla y azulejo
La iglesia tiene las paredes exteriores encaladas de blanco, pero quien entra nota enseguida el olor a cera quemada y el frío que sube de las piedras. El retablo mayor es bonito, pero es en el azulejo junto al evangelio donde se ve lo que importa: hay una loseta rota donde alguien, en 1893, escribió con alambre al rojo "António M. estuvo aquí". En el atrio, los mayores siguen sentados en el banco de granito que da a la calle de la Fuente —no para rezar, sino para ver quién entra y quién sale. Detrás del cruceiro hay un pozo seco donde los niños tiran piedras para oír el eco.
Sabores que resisten
En la tasca de doña Alda se sirve açorda única —no hay carta. Si es día de bacalao, se lo sirven con huevo de la gallina que escarba en el patio. El pan es de Zé Mário, el aceite del Lagar do Pêro que está a tres kilómetros, y el vino es del año pasado, embotellado en garrafones de tres litros que el hijo trae de Portalegre. Cuando hay matanza, el olor a panceta frita atraviesa toda la aldea y es entonces cuando se hacen los "bolinhos de massa" —no tienen nombre oficial, son solo la masa del pan con manteca de cerdo y azúcar, frita en aceite caliente en la cazuela de hierro que Alda guarda debajo de la cama.
Dehesa y agua
Quien salga por la EM528 en dirección a Belver encontrará la encina de la "cova daquele" —así se llama, no tiene otro nombre— donde se hacía fiesta el día de San Antonio hasta los años 80. El sendero del Conhal, mal señalizado, lleva a un valle donde el Tajo hace una curva y donde, en julio, se puede estar descalzo en la arena caliente sin ver a nadie. No hay carteles, ni bar, ni socorrista. Solo hay el sonido del agua y, si tiene suerte, una barca de pesca que regresa con el sol en la cara.
Bienal y memoria colectiva
En agosto, la aldea se llena de gente que vivió aquí. Hay conciertos en la plaza, pero también hay tertulias en la puerta de la casa de doña Isabel donde se habla de quien se fue y de quien se quedó. El Clube Castelanense, reabierto en 2022, no tiene actividades regulares —tiene la sala donde aún se ve el cartel del baile de 1958, con el precio de las entradas: 5 escudos. Durante la bienal, se abre la cocina de la antigua escuela y se sirve estofado en cuencos de barro. Quien come se levanta para ir a por más, no hay servicio a la mesa.
Al caer la tarde, la campana repica tres veces. No es para misa —es el sacristán que va a cerrar la iglesia. El eco dura más que el sonido, como si la propia aldea necesitara tiempo para entender que el día ha terminado.
Datos clave:
- Población: 692
- Altitud: 227,6 m
- Distrito: Portalegre
- Municipio: Gavião
- Arquetipo: CULTURA