Artículo completo sobre Beirã: la estación donde aún huele a queso de La Serena
La antigua aduana del tren de la Beira Baixa guarda cerdos, azulejos de 1890 y migas de 80 kg.
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El silencio que llega después del tren
El silbato se apagó hace trece años, pero la estación de Marvão-Beirã sigue dominando la plaza: tejados a dos aguas, vanos de sillería y azulejos de Jorge Colaço (1890) que reproducen el cerco de Valença y la batalla de Ourique. La placa «399 m» no es un adorno: aquí paraba entre 1880 y 2011 el tren de la Beira Baixa para pasar aduanas; llegaban extremeños con queso de La Serena y partían hacia allí los vinos de Reguengos en pipas de 500 litros. Aún hoy se lee en la carnicería «Antigua Aduana» sobre la puerta donde se estampaban los sellos.
De Biria a Beirã
Beirã se erigió en parroquia el 24 de julio de 1944, segregada de Santo António das Areias por decreto n.º 32 869, pero el topónimo ya aparece en la «Inquirição de 1258» como Biria. El trazado sinuoso —37 km entre Portalegre y Marvão-Beirã— se debe menos a la picaresca de la constructora que al desnivel de 463 m que impedía cualquier línea más recta; aun así, el último kilómetro antes de la estación describe un arco de 180º que los maquinistas bautizaron «media luna de Beirã».
Matanza y romería
El 23 de marzo aún se sacrifica el cerdo antes del equinoccio. Empieza a las 6.30, con la sangre cayendo en la palangana del bizcocho; a las 9.00 las mujeres funden la manteca, a las 10.00 hay sopa de hígado con menta y, al mediodía, se sirven 350 raciones de migas con torreznos —peso de la olla: 80 kg—. La cola se forma ante el depósito de gasolina desactivado, donde se alinean mesas de madera. El 16 de julio, Nossa Senhora do Carmo baja de la ermita de 1944 en procesión encabezada por la banda de música de Santo António das Areias; tras la misa de campaña, el rancho de Santa Comba reparte caldo de nabo con costillar y vino de la cooperativa de Portalegre a 1 € la copa.
Dehesa y charcas
La parroquia abarca 44,8 km², de los que el 62 % son dehesas de alcornoque registradas en el catastro de 1938. Entre la estación y el soto de la Azinheira hay 11 km de muros de piedra en seco levantados entre 1870 y 1920, en la época dorada del corcho rumbo a la fábrica de Santa Iria. Los charcos temporales de Barretos —tres, el mayor con 0,8 ha— acogen garza real, zampullín de cuello y, desde 2019, una familia de ánades del Sinaí que bajó de la sierra de São Mamede tras el incendio de 2017. Por la noche, cuando el último autocar de las 19.10 ya ha partido hacia Portalegre, el silencio se mide en 28 dB: solo se oye el viento en los cables de alta tensión que se pierden hacia España.