Artículo completo sobre Grilo: campanas, miel y memoria entre el Douro y el Tâmega
En este rincón de Baião el tiempo se mide en bronces, abejas y agosto.
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Las campanas que marcan el tiempo
El bronce de la iglesia de Nossa Senhora da Conceição sigue midiendo el día como hace tres siglos: a las siete, al mediodía y otra vez a las siete. Fundido en 1784 por los Oleiro, una dinastía de fundidores procedente del Fundão, su nombre aún se adivina en el cuello de la campana, aunque la herrumbre lo vaya borrando. Cuando el viento viene del este, el tañido llega hasta el Marco de Grilo, donde el Douro dibuja su primer gran meandro; si sopla del oeste, se pierde en la garganta del Tâmega antes de Crestuma.
El pueblo que se multiplica en agosto
El padrón dice 472 vecinos, pero en la práctica son menos. A mediados de agosto, cuando se acerca la fiesta de la Senhora de ao Pé da Cruz, Grilo recupera su población perdida: hijos que emigraron al Barreiro en los años setenta, nietos que ahora trabajan en el Parque Nascente de Oporto. La procesión sube la Rua do Calvário a las nueve de la mañana, pasa frente a la casa donde vivió el padre Américo —el único grilense que llegó a canónigo en la Sé portuense— y termina en el atrio donde, en 1962, el porche se derrumbó sobre el kiosco de música durante la misa campestre. Nadie resultó herido: dicen que la Virgen protegió a los suyos.
Miel de roble y esteva
El color ambarino de la miel de Grilo viene de que las abejas polinizan sobre todo carrascas y estevas. Quince apicultores venden a la cooperativa de Baião, pero solo tres tienen la DOP Mel das Terras Altas do Minho: Armando Silva, en la Canada da Serra; los hermanos Lima, en el lugar de Santo António; e Idalina Matos, que heredó las colmenas de su padre tras la tormenta de 1998 que derribó los alcornoques de la Póvoa. Si quieren comprar, llamen a la puerta antes de las diez; después estará en el campo cubriendo las colmenas con tela antifrost, que en 2017 llegó a los -4 °C el 14 de mayo.
La carretera que era un camino de herradura
La EM534 gana 280 metros de desnivel en 3,4 km. Antes se llamaba «Caminho do Torno»: los cocheros debían dar un amplio giro en la Patameira para no encajar los ejes. Hoy está asfaltada hasta el crucero de 1893; después, pizarra suelta. A mitad de ladera aparece la capilla de São Bartolomeu: levantada en 1627, rehecha en 1926 tras el rayo que partió la losa del fundador, el capitán António de Noronha. En su interior, un retablo dorado guarda un relicario con fragmentos del santo. El sacristán, don Albano, abre los miércoles y domingos si llaman antes.
Una casa sin buzón
Solo hay una casa rural: la Casa do Rio Frio, caserón labriego del siglo XVIII con pila de granito en la cocina y chimenea que traga tres troncos de roble. Está en Calvos, a 425 m de altitud. El código postal es 4640-011, pero no hay buzón: el cartero sube en moto de lunes a viernes tras bajar la EM534 y remontar hasta Grilo. Sin contaminación lumínica, la Vía Láctea se ve del 15 de julio al 15 de agosto, cuando el viento amaina y las nubes se agarran al valle del Tâmega.