Artículo completo sobre Sendim: la piedra que guarda vino y leyenda
A 436 m entre parras de vino verde y casas de granito medievales
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El granito de las casas retiene el frío de la noche incluso cuando el sol del mediodía calienta la ladera. En las calles de Sendim, los 436 metros de altitud se dejan notar en el aire y en una luz más nítida que recorta los perfiles de las viñas. El silencio solo lo rompe el viento que sube del valle o el ladrido lejano de un perro.
Entre el cielo y las viñas
La parroquia se extiende por 700 hectáreas de terreno ondulado, donde la vid de los vinos verdes se enrosca en emparrados y parras. La Región Demarcada de los Vinhos Verdes impone el calendario: poda en enero, floración en mayo, vendimia en septiembre. Las cepas crecen en pizarra y granito, atadas a estacas de pino que marcan 1,5 metros de altura. En las mañanas de niebla, las hojas gotean agua a 12°C y el olor a tierra mojada se mezcla con el de estiércol en los huertos.
La densidad de población —222 habitantes por kilómetro cuadrado— reparte a 1.564 personas entre casas antiguas de piedra y construcciones de los años 80. Doscientas cuatro niñas y niños menores de 14 años acuden a la escuela primaria de Sendim, mientras que 246 mayores de 65 perciben pensiones que oscilan entre 260 y 600 euros mensuales.
Raíces medievales en el presente
El topónimo Sendim deriva del galaico "santim", alusión a un santuario o lugar sagrado. La parroquia aparece en documentos de 1258, durante el reinado de Alfonso III, cuando la carta de foro estableció el pago de 240 dineros anuales a la Orden del Templo. La iglesia parroquial de Santiago, reconstruida en 1702 tras un incendio, conserva el retablo barroco en talla dorada atribuida a la escuela de Santos Pacheco.
Caminar por Sendim es cruzar la Rua do Calvário, donde casas del siglo XVIII exhiben piedras irregulares encajadas sin argamasa. La fuente de 1892, en la Praça da República, abasteció a la población hasta 1978, cuando llegó el agua corriente. Los tejados de teja cocida se alinean a diferentes alturas, siguiendo la cota de 420 a 450 metros de la topografía.
Ritmo de tierra y agua
La vida de la parroquia obedece al calendario agrícola. Las huertas de 200 metros cuadrados producen 40 kg de coles, 80 kg de patatas y 15 kg de alubias por temporada. El único alojamiento, la Quinta da Ventuzela, tiene seis habitaciones y cierra de noviembre a febrero. El café Central, abierto desde 1958, sirve un café a 0,60€ y una cerveza a 1,20€.
A las 19:00, las campanas de la iglesia repican tres veces, un sonido que recorre dos kilómetros hasta la parroquia vecina de Santa Quitéria. El humo que sale de las chimeneas trae el olor a roble y pino, leñas que cuestan 120€ la tonelada en el depósito de la carretera nacional 206. Es ese aroma el que se queda en la ropa y en la memoria de quien camina por estas calles antes del anochecer.