Artículo completo sobre Raimonda: viñedos y capones en Paços de Ferreira
Entre viñas a 367 m, la aldea donde doña Firmina lleva la leche antes de las nueve
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Las campanas de la iglesia dan las ocho y media de la mañana, repicando desde el atrio de San Blas hasta la carretera nacional 206, donde el camión de la leche ya ha pasado veinte minutos antes. Se están a 367 metros de altitud, pero quien sube por la Calle del Cementerio lo nota en las piernas: ochocientos metros de cuesta que aún se hacen a pie cuando el coche no arranca. Aquí viven 2.491 personas repartidas en 336 hectáreas —740 por km², según el INE—, pero lo que importa es que doña Firmina lleva aún el vasito de leche fresca a la vecina antes de las nueve.
El mapa del trabajo y de la viña
La viña ocupa el 42 % del término, dice el ayuntamiento en su informe de 2022, pero basta mirar: desde el Cruceiro hasta las antiguas escuelas primarias hay 140 hectáreas de parra sostenida por piedra, el sistema tradicional que la Comisión de Vinos Verdes llama «ahorcado». La poda empieza el día de San Vicente, 22 de enero, cuando el almanaque aún marca «Tiempo de las Espinacas». Quien tiene menos de media hectárea —y son el 68 % de los propietarios, según la delegación regional— se apunta a las «afeitadas»: José do Souto poda la viña de Antoniozinho y luego todos se van a comer a la tasca de Guida, donde solo los domingos sirven bucho con arroz.
El capón no nace aquí, pero llega vivo los lunes de diciembre, traído desde Freamunde a 6 km. Doña Alda, en la ultramarinos desde 1973, anota todavía en la libreta los encargos: capón de 3 kg para Natália, entregar antes del día 23, con recibo a fecha porque «el horno del pueblo solo tiene una cámara y se atiende por orden de llegada».
Fiesta, fe y calendario popular
San Blas, 3 de febrero: a las 10.30 la misa de campanillas sale de la iglia con el paso del siglo XVIII, cargado de plata donada en 1922 por los emigrantes retornados de Brasil. La procesión baja hasta la Capilla de Nuestra Señora de Fátima, donde se queman los «fachos» —grandes hogueras de zarzas— para «abrasar la garganta» al invierno. A la 13.00 empieza el lechón en el polideportivo: 250 raciones a 7 €, con vino blanco de la bodega de José Mário embotellado en garrafas de tres litros.
Las Sebastianas son el 20 de enero, pero en Raimoda se adelantan al domingo siguiente. La tradición viene de 1835, cuando el cólera se detuvo a las puertas de la parroquia y se prometió el sermón de «las cinco llagas». Aún se cumple: el padre Antonio lee el mismo texto desde hace 18 años y después reparte bollo de carne hecho con panceta de Estremoz y canela de Foz Côa.
El peso demográfico de los números
Los 310 menores de 14 años estudian en el colegio de Raimonda/Jordão, pero las clases ya han bajado de siete a cuatro unidades. La escuela unitaria de Raimonda cerró en 2016; hoy es centro de día, donde los 421 mayores de 65 años (el 17 %) comen sopa de nabo los miércoles y hacen hidroginástica en la piscina municipal de Paços, a 11 km: el autobús 804 pasa a las 7.45. Aun así, los cafés «Progresso» y «Central» abren a las seis: el Progresso sirve el primer café solo a las 6.05, el Central a las 6.08; se disputan clientes desde 1962.
Lo que se guarda en la memoria
En la plaza del Cruceiro hay una losa de granito sin inscripción: allí estuvo el picota, derribado en 1834 tras la extinción de las órdenes religiosas. La memoria guarda nombres: Joaquina de Jesús, «Tía Quim», que en 1957 compró la primera máquina de coser eléctrica; José do Pipo, que en 1974 plantó toda la viña en línea contra el consejo de su padre; el padre Amândio, que en 1983 mandó llevar el agua canalizada a la capilla del Calvario. Cuando el sol se pone tras el monte do Marco, a las 18.20 de enero, el vino verde de José Mário —loureiro al 11 % vol.— sigue ardiendo en la garganta y el olor a eucalipto quemado sube por las chimeneas. No hay postal que guarde esto: se guarda en el corcho de la botella que aún lleva el sello de la bodega de 1998.