Artículo completo sobre Aguiar de Sousa: castañas, granito y fe entre arroyos
Pasea entre castañares, iglesias barrocas y cocido de garbanzo en este pueblo de Paredes
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El aroma de la castaña asada se mezcla con el denso humo de las chimeneas de granito. En las laderas de Aguiar de Sousa, los castañares cubren el ondulado del paisaje. Troncos gruesos, cortezas agrietadas, hojas que en otoño cubren los caminos de tierra apisonada. A 218 metros de altitud, entre la cuenca del río Sousa y los arroyos, el silencio solo se interrumpe por el grito de un ratonero o por la campana de la iglesia.
El granito y la fe
La iglesia parroquial se alza en el centro, barroca del siglo XVIII. El retablo dorado brilla a la luz de las velas. En las inmediaciones, la Capilla de Nuestra Señora de la Salud. El primer domingo de mayo, los agricultores suben en romería con cestos de frutas y mazorcas de maíz para la bendición de los campos. Responden con miel DOP de las Tierras Altas del Miño.
La arquitectura de granito marca el día a día. Casas de labranza con paredes gruesas. Hórreos alineados en las eras. Puentes de piedra sobre los arroyos. El Puente de Aguiar es una de esas estructuras vernáculas, testigo de una ingeniería sin mortero.
Sabores de la tierra
En la cocina aguiarense, el embutido ahumado es rey. Chorizo de vino, salchichón y panceta cuelgan de las vigas. El arroz de sarrabulho hierve en cazuelas de hierro. El rojão a la manera de Aguiar chisporrotea en la sartén. El cabrito estonado se asa en el horno de leña. En las fiestas, el cocido de garbanzo reúne a las familias. Entre los dulces, los bilhóres acompañan el café de tela en las ultramarinos.
Senderos y arroyos
La Ruta de la Riberia de Aguiar tiene seis kilómetros. Sigue el curso del agua entre carvales y matorral mediterráneo. Los antiguos molinos de agua guardan rodetes de madera. En verano, el canto del chochilín hace eco en las laderas.
Voces y memorias
1582 habitantes. 70 por kilómetro cuadrado. Dos asociaciones culturales mantienen el teatro popular y los cánticos al desafío. El 29 de septiembre, la Fiesta de San Miguel llena la plaza. Procesión, misa de campaña, verbena. La banda de música toca pasodobles. El vino verde corre fresco en las copas.
Al caer la tarde, cuando la luz dora los castaños y el humo de las chimeneas sube, el aroma a leña de roble impregna el aire.