Artículo completo sobre Terroso: tejidos que cuentan la historia
Mantas retro tejidas en telares centenarios junto a la Cividade de Terroso
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El sonido llega antes que la vista: el golpe rítmico del telar manual retumba en el suelo de tablas desgastadas de la Cooperativa de Tejeduría Popular, abierta desde 1978 en la calle Direita. Dentro, cuatro mujeres —María da Conceição, Palmira, Magdalena y Céu— trabajan desde las nueve de la mañana entre cajas de tejidos de segunda mano traídos de la Recogida de Caridad de Póvoa. Convierten camisas de cuello alto de los años 70, sábanas de lino de boda y toallitas de bebé descoloridas en mantas que venden a la Retrosaria Rosa de Lisboa y a la tienda Latina, en Oporto, por 85 euros cada una. El olor a lejía de la desinfección se mezcla con el café Delta que prepara Ermelinda en la cocina de suelo rojo, donde se guardan los moldes de cartón de las franjas originales: cinco centímetros de azul marino, tres de rojo vivo, dos de amarillo mostaza.
A 55 metros de altitud, Terroso se extiende entre el enlace de la A28 y el campo de golf de Estela. El monte donde se alza la Cividade es un cerro granítico de 156 metros que domina la cuenca hidrográfica del río Esteiro, que desemboca en Póvoa.
Mil menos uno
La Cividade de Terroso ocupa 20 hectáreas en la cumbre, con tres líneas de murallas que los arqueólogos datan entre el siglo IX a.C. (fase inicial de la cultura castreña) y el siglo III d.C. (ocupación romano-sueva). Las excavaciones de Rocha Peixoto en 1906 descubrieron 52 casas circulares de 4-6 metros de diámetro, con hogares centrales y silos troncocónicos para maíz y centeno. Entre los hallazgos: una fíbula de bronce tipo “serpentina” expuesta hoy en el Museo Municipal de Póvoa, y un fragmento de cerámica campaniense que Eça de Queirós menciona en una carta a Ramalho Ortigó del 15 de agosto de 1893: «Me enviaron del castro de Terroso un trozo de vaso que parece traer el gusto romano a nuestro agreste Minho».
Desde el mirador instalado en 2018 se ve la ría de Estela (a 3,2 km), las dunas de S. Jacinto (a 18 km) y, en las mañanas claras, el faro de Regufe en Vila do Conde. El viento medio anual es de 14 km/h, razón por la que los peregrinos del Camino de la Costa afinan aquí la gaita de fuelle antes de atravesar la llanura.
De los 999 arcos del Acueducto de Terroso (1610-1635) que llevaban agua a las Clarisas de Póvoa quedan visibles 17 pilastras en la Quinta do Cruzeiro y un arco entero en la finca del señor Albano, tallado en granito de Fontainha. «Mil menos uno», dice Joaquim de la tasca O Padrinho, porque el ingeniero João Rodrigues de Carvalho temía la envidia del «número perfecto».
El crucero de S. Lourenço, mandado construir por D. João de Novais y D. Brites de Novais en 1583, tiene la base en granito de Vila Chã y el crucero en mármol de Estremoz. La inscripción «ESTE OBRA MANDO FAZER O LICENCIADO JOÃO DE NOVAIS» hoy está desgastada hasta que el «NOV» es casi ilegible.
Los viernes a las 21:30, el Rancho Folclórico das Lavadeiras ensaya en la primera planta del Centro Cultural, abierto en 2004 en el antiguo granero de la Cooperativa Agrícola. Visten faldas de 12 pliegues en lana de Xinzo, pañuelos de conejo de la Feria de S. Miguel y los broches plateados que la abuela de Guida trajo de Brasil en 1952. El «Vira da Igreja» se ejecuta en 6/8, con pandereta de Lousã y bombo de Couço.
Broa caliente y vino verde
El horno comunitario de la Rua do Lagedo se enciende los miércoles y sábados desde 1982, cuando el ayuntamiento recuperó el horno medieval que servía al couto de S. Simão. La broa de maíz lleva harina del molino de Mão-Cruz, masa de centeno de la Cooperativa Agrícola de Terroso y fermento de cabeza de 48 horas. Sale a las 17:30 con corteza de 4 mm y miga que mantiene el 42 % de humedad —el Seguro de la panadería anota 120 broas al día en el cuaderno de cargos.
La caldeirada de la Lixa lleva rape de la lonja de Póvoa (martes y jueves), jurel de cerco de abril a septiembre, lubina del estuario del Ave en marea viva. Se cuece en cazuelas de barro de Nespereira durante 35 minutos: primero el rape en dados de 3 cm, luego el jurel en postas, por último la lubina en trozos. El caldo lleva 200 ml de vino blanco Loureiro de la Quinta da Aveleda, 50 ml de aceite virgen extra de la Quinta do Crasto y pimiento rojo en juliana de 2 mm.
El vino verde que sirven en la Toca da Dona Guida es un Loureiro 2022 de la Quinta de Santa Cristina: 11 % vol., acidez total 6,2 g/dm³, servido a 8 ºC en la copa de cristal fino que Guida heredó de la tía de Vila Verde.
Camino de piedra y agua
El Sendero de la Cividade, homologado por la Federación de Campismo de Portugal en 2019, tiene 2,48 km y 95 m de desnivel positivo. Sale del Centro de Interpretación (abierto martes-sábado 9:00-12:30 / 14:30-17:00; entrada 2 €) y llega al crucero de S. Lourenço en 42 minutos a paso medio. El recorrido integra el PR3 «Terras de Póvoa», con 14 placas informativas en granito pulido. Marcadores amarillos y rojos pintados en 2018 por el Club de Montañismo de Póvoa.
El Camino de Santiago de la Costa entra en la parroquia en el km 17,4, en el puente de S. Pedro de Rates sobre el río Esteiro. Recorre 3,2 km hasta la plaza del Cruceiro, donde los peregrinos sellan la credencial en la tasca O Padrinho (abierta 7:00-22:00, sello gratis con consumición mínima de 0,50 €).
Los domingos, el grupo «Trilhos de Terroso» parte a las 8:30 del aparcamiento de la Iglesia. Recorrido de 8 km hasta la playa de Estela, pasando por el acueducto, el geosítio del río Esteiro (moluscos del Mioceno) y el campo de golf (hoyo 7, par 5, 485 metros). Regreso en autocar de Póvoa a las 12:15 — billete 1,95 € en la línea 505 de Transdev.
Cuando el sol se pone tras el monte, el reloj de la Iglesia de Santa María (relojería de 1897, hierro fundido de la Fábrica de S. Tomé) da seis campanadas. Las mujeres doblan las mantas acabadas: 1,60 m x 2,20 m, 2,1 kg, 78 franjas de tejido recuperado. Las guardan en bolsas de papel kraft con el sello «Mantas de Terroso — Origen Garantizado 1978-2024». En el monte, la Cividade se oscurece contra el cielo anaranjado, murallas de piedra que han visto nacer y partir generaciones, mientras el viento sigue soplando los 14 km/h que ya soplaba cuando los romanos recogieron tojo para sus baños.