Artículo completo sobre Monte Córdova: la campana que une ocho aldeas
Desde su santuario a 376 m, domina Santo Tirso y despierta Vilaça, Carvalhinho y Outeiro
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El badajo que despierta a ocho aldeas
La campana del santuario rasga el aire matutino y desciende ladera abajo. A las 7.30 h sigue repicando para los 3.848 vecinos repartidos entre Vilaça, Carvalhinho, Outeiro, Reguenga y otras siete caseríos. Desde los 376 m de altitud, Monte Córdova no es solo la cumbre del municipio: es el balcón desde el que, en jornadas despejadas, se distingue el campanario de la iglesia matriz de Santo Tirso y, al otro lado del valle, la factoría de Lactogal en Vila do Conde.
El santuario que vigila el valle
En la cima, el Santuario de Nuestra Señora de la Asunción sustituyó en 1919 a la capilla de 1901 que ya se quedó pequeña para los romeros. El proyecto es de Ernesto Korrodi, pero la obra no concluyó hasta 1946, cuando el acólito Antonio Alves da Silva consiguió el cemento que faltaba tras la guerra. Las torres miden 28 m; 74 peldaños conducen al atrio. En el interior, la imagen de la patrona es de João da Fonseca Lapa, mismo autor del Cristo crucificado del Bom Jesús de Matosinhos. El 15 de agosto, la misa de las 11 h llena bancos de madera y escalones de piedra; hacen falta dos colectas para albergar el dinero de feligreses y emigrantes franceses que llegan en coche alquilado.
Aldeas de granito y apellidos que se quedaron
Monte Córdova figura en el fuero de 1155 otorgado por Don Alfonso Enríquez a Paio Soares da Cordova, caballero leonés recompensado con estas tierras tras la reconquista. El topónimo no proviene de Córdoba andaluza: deriva del latín cordaria, «lugar de cueros», oficio que floreció gracias al río Leça, que curtía pieles. Hasta 1836 formó parte del extinguido ayuntamiento de Refojos de Riba de Ave; luego pasó a Santo Tirso. La iglesia parroquial, dedicada a San Paio de Córdova, se alzó en 1758 sobre otra del siglo XIII. Aún se lee en su lápida: «S. PAI.DE CORDOVA – 1758».
La ruta de los peregrinos
El Camino Central Portugués de Santiago entra en la parroquia junto al puente medieval sobre el Leça, remonta la carretera municipal 535 y atraviesa Carvalhinho. Los caminantes hallan sieta cruces de término de granito y dos crucesiros del siglo XVIII antes de alcanzar el santuario. El albergue instalado en la antigua escuela de Vilaça abrió en 2019 y ofrece diez camas; el libro de firmas guarda nombres desde Corea del Sur hasta México. En verano, pasan entre 40 y 60 por día; el café de Teresa conserva sello y timbre desde 1998.
Vinos, rojões y romerías
La variedad predominante es el loureiro, plantada en bancales a 250-350 m. La Cooperativa de Santo Tirso compra la uva a 28 viticultores de la parroquia; el blanco ligero con ligera aguja se vende a 3,50 €/botella en la tienda intermunicipal. En los restaurantes, el rojão es de jabalí abatido en la Sierra de Cabreira; el cabrito entra al horno de leña del «Tío» Bernardo, en Reguenga, a las 6 h para servirse solo los domingos. El 13 de agosto empieza la novena de la Asunción: verbena en el atrio con banda de música, chiringuito de caldo verde a 1,50 € y pastel de maíz cortado a cuchillo. El domingo, procesión con 12 pasos y la banda de la GNR. En junio, San Juan de Carvalhinho enciende tres hogueras; la mayor, en la aldea, alcanza 15 m de pino seco cortado la semana anterior.
Lo que no se ve a simple vista
Tome la senda del «Caminho do Rio» hasta el lugar de la Foz: el nacimiento del Leça está señalado por un mojón de 1941, colocado por la Comisión Geográfica de Portugal. A las 18 h, la campana del santuario vuelve a tañer; las vacas de las quintas de Outeiro dejan de pastar y regresan solas al establo. No hay mirador señalizado, pero quien suba al atrio del cementerio de Vilaça descubre la fábrica de Riopele en Pousada de Saramagos y, a la derecha, la antigua estación de Santo Tirso, cerrada desde 2009.