Artículo completo sobre Branca: silencio de piedra blanca y olivos milenarios
Pueblo de Alentejo donde el tiempo se quedó en la calzada romana y el humo vigilaba el Tajo
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La luz de la tarde golpea en la iglesia de São Vicente y rebota con un blanco que obliga a entornar los ojos. Dicen que fue ese resplandor de la piedra el que bautizó la aldea: Branca, sin más vueltas. Son 117 km² de secano, olivar y dehesa donde apenas viven 11 personas por km²: silencio asegurado.
Lo que quedó de los romanos
En el Monte de São Julião y Cristelo aún se alisan los sillares de la calzada militar que unía Mérida con el Tajo. Hasta los años setenta salían a la superficie piedras marcadas por ruedas; hoy están cubiertas de esteva y tierra. El nombre Auranca, primera mención en 1098, es anterior al Reino y a las fronteras.
La iglesia parroquial, levantada entre 1690 y 1705, guarda una talla dorada hecha con madera del arsenal de la marina. El retablo barroco costó 1 200 cruzados —cifra que aparece en los autos de cuentas conservados en el Archivo Distrital de Santarém—. A la torre se la añadió después del terremoto de Lisboa de 1755, cuando se resquebrajó el anterior campanario.
Humo y fuego
El «talegre» del Alto de São Juliño era un puesto de vigilancia. Con día despejado, el humo visible a 15 km advertía a Coruche de cualquier movimiento. El 3 de mayo de 1809, tropas anglo-lusas acamparon en la Albergaria-a-Nova y obligaron al general Soult a renunciar al ataque a Lisboa. No hay placa: basta subir y mirar el valle.
Qué se come
El arroz carolino de la Lezíria (IG) base del ensopado de cordero y el arroz con pato que sirve el único restaurante de la parroquia, «O Vicente», abierto desde 1987. La carne de Alentejana (DOP) proviene de terneras criadas a 5 km, en las dehesas de encina. La cerveza es local: «Sovina», fabricada en Coruche desde 2013.
Caminos sin señales
La pista que une Branca con São Julião mide 4,2 km y se hace en 50 minutos andando. Cruza olivar centenario y alcornocal donde cantan mirlo común y petirrojo. Llevar agua: no hay bares en el recorrido. El arroyo de Lavre lleva agua todo el año; se ven garzas reales y ánades desde el puente de piedra junto al campo de fútbol.
El tren regional para en Coruche (12 km). Desde allí, el autocar «Barraqueiro» hace dos viajes laborables: sale a las 7:15 y a las 17:45, tarda 20 min y cuesta 2,05 €.