Artículo completo sobre Alburitel: olivares, dinosaurios y silencio
Un pueblo del Ribatejo que guarda huellas jurásicas y resiste con 1.060 almas
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El granito de la calzada aún conserva el frío de la noche cuando los primeros pasos resuenan por la Rua da Igreja. En Alburitel, el día arranca a las 7.30 con la cafetería O Pão Quente abriendo sus puertas; desde 1983, los hermanos Joaquim y Alice sirven el primer café de la localidad. A las 8.15, el autocar de la Rodoviária do Tejo parte hacia Ourém con siete pasajeros: tres empleadas de la residencia geriátrica, dos estudiantes del colegio de Escoural, un pintor de obra y la enfermera que hace la visita mensual a domicilio.
La parroquia se extiende por 11,42 km² de pizarra y caliza donde resisten 1.060 personas frente a la despoblación que ya se ha llevado por delante a las cercanas Alqueidão y Caxarias. En el censo de 2021 se contaron 343 mayores (32 %) y solo 127 niños de hasta 14 años (12 %). Los olivares —42 % del suelo agrícola— producen 180 t de aceituna anuales, vendidas a la cooperativa almazara de Torres Novas, donde 23 agricultores locales poseen cuotas. El aceite lleva el sello DOP Ribatejo desde 1996, pero el precio medio pagado al productor —2,80 €/kg en 2023— no compensa la recolección manual de los 800 olmos centenarios que aún se mantienen en las parcelas de la Sierra.
Cuando el Jurásico visitó el Ribatejo
A 3,2 km de la iglesia, en la ladera sur del Cabeço da Pedra, las huellas de dinosaurio halladas en 1994 por el geólogo Carlos Silva están ahora protegidas con una reja. Son 42 depresiones fosilizadas de 1,10 m de diámetro dejadas por saurópodos hace 175 millones de años, cuando esta altitud de 246 m era una llanura fangosa junto al mar. Se accede por un camino de tierra —cerrado cuando llueve, porque la arcilla se vuelve barrizal— y no hay centro de interpretación. Solo una placa oxidada del ayuntamiento de Ourém, colocada en 1998, explica el hallazgo con letras desgastadas por el tiempo.
En el corredor de los peregrinos
Alburitel forma parte de la Variante Nascente del Camino de Fátima desde 2012, cuando la asociación de Valinhos señalizó el recorrido con flechas amarillas. Pasan por aquí unos 800 peregrinos al año, sobre todo españoles en marzo-abril y polacos en septiembre. Hay tres alojamientos: las habitaciones de Maria do Céu (casa antigua con bidé y televisión por cable), el anexo de la Quinta do Pinheiro (establo rehabilitado en 2019) y el albergue parroquial, que abre solo cuando el párroco Antonio tiene voluntarios. Ninguno sirve cena: remiten al restaurante O Lagar, en Casal dos Bernardos, donde el cocido a la portuguesa exige reserva previa de 24 h.
Los lunes, el Correio Municipal reparte 73 periódicos: 60 ejemplares de Público para los vecinos que trabajan en Ourém, 13 Regionales de Leiria para los agricultores que aún los leen en la cafetería. A las 18 h, cuando regresa el autocar, el Bar do Zé se llena para la quiniela. Hay wifi, pero no aceptan tarjeta: «solo efectivo, como en los viejos tiempos», dice Zé, ex operario de la fábrica de corcho de Minde que aterrizó aquí en 1997.
Al caer la tarde, la luz raspa los tejados a cuatro aguas levantados tras el incendio de 1965, cuando un fuego originado en una trilladora quemó 14 viviendas. El silencio no es absoluto: se oye el generador de la fábrica de marcos que funciona hasta las 20 h, el perro del señor Albano que ladra al tractor de su hijo, el viento que trae el olor a estiércol de los 450 ovinos de la explotación del Vale. Son esos sonidos los que Alburitel guarda —no para los visitantes, sino para los 1.060 que aún llaman hogar a este rincón cuando el móvil pierde cobertura en la curva de la Sierra.