Artículo completo sobre Atouguia: aceite, silencio y huellas de dinosaurio
Pueblo sin turismo donde Ribatejo huele a olivo y la meseta se queda sola
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La luz de la mañana se cuela en la iglesia parroquial y dibuja sobre el suelo de piedra un mosaico móvil de cuadrados dorados. Afuera, la verja del colegio golpetea y el motor frío de la furgoneta del pan tose antes de arrancar. Atouguia despierta despacio, a 222 metros de altitud, en el momento en que la meseta se inclina hacia los valles del sur.
Son 2.087 personas repartidas en veinte kilómetros cuadrados de olivares y pinares. Entre casas bajas, el silencio solo se rompe con el canto de los mirlos o el rugido lejano de un tractor. No hay visitas guiadas ni oficina de turismo. Hay tierra que labrar y caminos de tierra apisonada.
Huellas que nadie mira
El ayuntamiento forma parte del monumento natural de las huellas de dinosaurio, pero las icnitas no están aquí. Se encuentran a ocho kilómetros, en la Serra de Aire. ¿Vale la pena el desvío? Solo si se dispone de coche y media hora libre. La entrada cuesta 6 € y abre todos los días excepto lunes.
Aceite que se compra en la almazara
Los olivares dominan el paisaje. Atouguia está dentro de la región de los Aceites del Ribatejo. Quien quiera aceite recién prensado se acerca al Lagar de Varatojo, tres kilómetros antes de entrar en la aldea. Funciona de lunes a viernes, de 9 a 17 h. Hay que llevar garrafa o comprarla allí. El frutado verde cuesta 7 € el litro.
Camino de Fátima
La variante oriental del camino pasa por aquí, pero no hay flechas amarillas. Quien viene de Leiria sigue la CM-1137, gira a la izquierda en la Fuente Cubierta y sube hasta la ermita de San Pedro. Son cuatro kilómetros de asfalto sin sombra. Hay un bar en la rotonda que abre a las 7 h; es el único lugar para tomar algo antes de Ourém.
Lo que cerró y lo que abrió
Cerraron: la carnicería, la papelería, el bar de la plaza. Abrieron: cafetería en la gasolinera Galp, take-away de pollo en el Rossio. El colegio tiene 37 alumnos de primero a cuarto. El médico pasa los lunes y jueves. Para todo lo demás, hay que ir a Ourém, a doce kilómetros.
Al caer la tarde huele a leña quemada y a tierra removida. No hay cine ni terraza. Hay bancos de piedra junto a la iglesia y el bar de Zé, que cierra a las diez en punto.