Artículo completo sobre Valhascos: aceite nuevo y col bajo el sol del Tajo
Noviembre huele a olivada recién hecha y a fiesta de la col en esta aldea del Ribatejo.
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El olor a aceite nuevo llega antes que la primera casa. Noviembre en Valhascos se anuncia por el aroma que rezuma de los lagares, mezclado con el humo de las hogueras. En las calles estrechas, la piedra de las viviendas atesora el tibio sol otoñal: es tiempo de fiesta, y la parroquia se prepara para celebrar la col y el aceite.
Valles que guardan memoria romana
El nombre viene del latín valles. A 174 metros de altitud, Valhascos se dibuja entre colinas y arroyos que bajan al Zêzere. Los valles ocultan restos de un corredor romano que unía Conímbriga con Aritium. En Cabeça das Mós, calzadas y miliarios se adivinan bajo la vegetación.
La iglesia parroquial marca el centro. No hay monumentos catalogados, pero sí coherencia: paredes encaladas, portones de madera cuarteados, patios con la leña apilada.
La col que merece su propia fiesta
Valhascos dedica un festival entero a la col y al aceite. En noviembre, la cena temática sirve col con aceite nuevo y pan caliente. Hay concurso a la mejor col y al mejor aceite. La noche se cierra con fado de Coimbra y concertinas.
La col regada con aceite DOP Aceites del Ribatejo atrae a cocineros regionales. La DOP Carnalentejana garantiza vacuno alentejano en los estofados de invierno.
Senderos entre olivares e historia
Las rutas parten hacia olivares centenarios y castañares. El trazado hasta Cabeça das Mós regala vistas sobre el valle del Tajo. La asociación local organiza visitas a lagares donde el aceite se hace como antaño: prensado, decantado, embotellado sin prisa.
La parroquia cuenta con dos alojamientos registrados. De sus 375 vecinos, 133 tienen más de 65 años y 32 son niños. El ritmo es pausado: hay vida en los campos, en las cosechas, en las mesas donde se cata aceite con pan.