Artículo completo sobre Aboim das Choças
Entre robles y cachena DOP, la parroquia minhota donde el tiempo se cuaja en piedra
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La niebla se levanta despacio sobre Aboim das Choças, deslizándose por el valle del Vez como una manta húmeda. En las laderas, el verde intenso de los campos de cultivo se recorta contra el granito oscuro de las casas. Al fondo, el murmullo de un arroyo serpentea entre robles y pinos. El aire huele a tierra mojada y a humo de leña que se escapa de las chimeneas. Aquí, en el límite del Parque Nacional da Peneda-Gerês, la parroquia más pequeña del municipio guarda en su nombre la memoria de sus orígenes: las chozas de madera y paja donde se refugiaban los pastores, y el abóio, el lugar donde el ganado se reunía antes de subir al monte.
El corazón de piedra de la aldea
La iglesia de Santo Estêvão se alza en el centro de la parroquia, modesta pero firme, con las líneas depuradas de la arquitectura minhota. Los muros de granito absorben la luz de la tarde mientras el atrio de losas irregulares refleja siglos de pisadas. Más arriba, la capilla de Nuestra Señora da Lapa marca otro punto de devoción. Ambas construcciones, catalogadas como Bien de Interés Público, concentran la vida comunitaria de 295 habitantes, donde los 112 mayores triplican a los 21 jóvenes. En las fiestas de Nossa Senhora da Lapa y da Porta, y en la romería a Nossa Senhora da Peneda, la parroquia se llena de voces, procesiones y el tañido grave de las campanas que resuena por los valles.
Sabores de Cachena y del Vez
En la mesa, Aboim das Choças respeta la tradición rural del Minho. La Carne Cachena da Peneda, protegida por DOP, llega a los platos en rojões à minhota, donde el pimentón tiñe de rojo los dados de carne tierna. El arroz de sarrabulho humea en las fuentes de barro, espeso y oscuro, mientras el caldo verde aparece como preludio verde salpicado de rodajas finas de chouriça. En las ocasiones festivas, las papas de sarrabulho calientan las noches frías, y los dulces de huevo y las cavacas completan la comida. Todo se acompaña con vino verde de la zona, blanco o tinto, fresco y ligeramente efervescente, que limpia el paladar entre bocados.
Por los senderos del peregrino
La parroquia forma parte del trazado del Camino de Santiago por la Costa, no del Camino del Norte —error común—. Los caminos rurales que conectan Aboim das Choças con las aldeas vecinas serpentean entre muros de piedra suelta, prados verdes y pequeños bosques. La proximidad al parque nacional abre posibilidades de senderos más largos, donde la observación de fauna y flora se mezcla con el silencio denso de la montaña. El río Vez, a 3 km dirección Gavieira, ofrece orillas frescas y aguas transparentes que reflejan el cielo.
Al atardecer, cuando el sol rasante ilumina el granito de las casas y el humo de las chimeneas vuelve a ascender, la parroquia revela su escala humana. En los 182 hectáreas que la componen, cada piedra, cada arroyo, cada campanada guarda la memoria de un modo de vida que resiste. El viento trae olor a monte y a tierra, y en el silencio solo se oye el ladrido lejano de un perro y el crepitar de la leña ardiendo.