Artículo completo sobre Barbeita: vino, piedra y silencio en el Miño
Entre viñedos de Alvarinho, la parroquia de Barbeita guarda fiestas, cruceiros y 3.000 raíces
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El granito de las casas viejas aún conserva el calor del día cuando la tarde empieza a refrescar. Entre el verde de los viñedos y el gris de la piedra, Barbeita se dibuja en una ladera suave que baja hacia el valle del Miño, a 4 km del puente de Tui. El sonido dominante es el del viento entre las cepas: un susurro constante que solo interrumpe el paso de un tractor de la cooperativa de Monção o el tañido de las campanas de la iglesia parroquial de San Vicente. A 93 metros sobre el nivel del mar, esta parroquia de 923 habitantes se extiende por 6,94 km² donde el tiempo se mide en vendimias y fiestas de pueblo.
Iglesia y cruceiro
La iglesia parroquial de San Vicente y el cruceiro de la plaza del mismo nombre son los dos monumentos catalogados como Bienes de Interés Público. El templo del siglo XVIII conserva un retablo tallado por Domingos Pereira de Sousa. El cruceiro, levantado en 1772, marca el punto donde se cruzan los caminos hacia Portalé, Rande y Parada. Las piedras de estos monumentos guardan historias de romerías y procesiones desde 1784.
El calendario de fiestas
Dos celebraciones marcan el año: la Festa de Nossa Senhora da Rosa, el primer domingo de agosto, y la Festa de Nossa Senhora das Dores, el tercer domingo de septiembre. Son días en los que la parroquia se llena: regresan los emigrantes de París y Zúrich, y las casas cerradas vuelven a tener luz en las ventanas. Las procesiones recorren los caminos entre las viviendas, los cohetes asustan a las gallinas de los corrales, y el club de festejos sirve caldo verde con pan de Barbeita y vino Alvarinho a 2 € la copa. Es entonces cuando Barbeita muestra su cifra real: no los 923 habitantes oficiales, sino los 3.000 que aquí guardan sus raíces.
Vino y carne de la tierra
Barbeita forma parte de la subregión de Monção y Melgaço dentro de la Denominación de Origen de los Vinhos Verdes. Los viñedos se extienden en bancales suaves, las cepas conducidas en emparrado o en espaldera. El vino que aquí se elabora tiene la acidez característica de la zona: el Alvarinho de Quinta do Regueiro y Solar de Serrade se vende entre 8 y 12 € la botella. Y la carne no falta: se compra Carne Barrosã en la ultramarinos A Fonte, en la calle Direita, o se va a la carnicería Silvério en Monção. En las mesas de la Taberna do Pescador, el sabor es denso: chuletas de Cachena a 14 € el kilo.
Envejecimiento a la vista
77 niños de hasta 14 años. 344 mayores de 65. Los números dicen lo que cualquier paseo por la EN202 confirma: los bancos de granito a la puerta de las casas están ocupados por gente de pelo blanco, y el patio de la escuela de Barbeita suena demasiado vacío en las tardes entre semana. Pero hay resistencia: tres alojamientos turísticos han abierto desde 2019 — Casa do Ribeiro, Quinta da Veiga y Moinho de Porreiras—. Casas antiguas rehabilitadas que acogen a quien busca la calma del interior minhoto, a 30 minutos de las playas de A Guarda.
La tarde cae despacio sobre Barbeita, y el cielo se tiñe de cobre sobre los viñedos. Al otro lado del Miño, ya se encienden las primeras luces de Salvaterra de Miño. Alguien cierra las contraventanas de madera de una casa en la plaza de la Iglesia; el ruido seco del pestillo resuena en la calle desierta. El viento sigue entre las cepas, obstinado.