Artículo completo sobre Cunha: el pueblo donde el vino Loureiro sabe a eucalipto
A 477 m, entre castañeros y vacas Barrosã, conserva su misa del 15 de agosto y el eco de la campana
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La campana de la iglesia da a las 19.30 y el eco baja el atrio, resbala por la Rua do Cruzeiro y se apaga en la carballeira donde aún se amontonan los castañeros de la magosta. El pueblo se alza a 477 m de altitud; el aire huele a eucalipto que la fábrica Celbi regaló a la tierra y al humo de las hogueras de octubre que queman los sarmientos de la poda. Los 459 vecinos empadronados en 2021 reparten 348 viviendas: 111 tienen más de 65 años, 42 menos de 15. Las casas de pizarra de 1920, cuando Cunha tocó techo con 1 052 almas, hoy lucen puertas azules para espantar el mal de ojo y geranios que resisten la helada.
Prados y regatos
La parroquia abarca 994 ha donde el río Coura dibuja un meandro a 220 m y la Malhada do Judeu se eleva hasta 537 m. Los prados de Vale de Nogueira producen el heno que alimenta a los 180 vacunos Barrosã registrados bajo la DOP —120 pertenecen a la cooperativa Carne Barrosã de Paredes de Coura, constituida en 1996—. El ganado marcha al matadero municipal los martes y viernes; el toro «Bastiano», campeón nacional en 2018, pastó aquí antes de saltar a la feria de Ponte de Lima.
Los 28 ha de viñedo están parcelados en 450 fincas: la media es 600 m² por propietario. Predomina la variedad Loureiro (65 %), seguida de Azal (20 %) y Pedernã (15 %). El vino sale a 3 € el litro en la vinoteca del señor Arménio, que desde 1987 compra al agricultor y embotella en el Lagar de Cunha, cerrado en 2004. La cosecha anual ronda los 90 000 L y se bebe, sobre todo, dentro del propio concello.
Fiestas, romería y emigrantes
Un cartel impreso en papel couché blanco, clavado en la puerta de la junta parroquial, anuncia: 15 de agosto, 10 h misa, 12 h comida de caldo de nabos con embutido, 15 h procesión con la imagen de Nuestra Señora do Livramento (talla de 1784, restaurada en 1997), 17 h concertina de Alberto Lima, 22 h baile en el pabellón cubierto levantado en 2003. Regresan 120 emigrantes desde Francia y Suiza; duermen en las casas de parientes o en el cuarto que conservan tal cual cuando se marcharon en 1974.
La segunda cita es el 2 de noviembre, Día de Difuntos. A las 6.30 el párroco toca la campana tres veces, se abre la verja del cementerio (ampliado en 1958 y 2009) y las 120 familias llevan los «bolinhos de Deus» —bollos de pan con aceite y azúcar que se parten por las ánimas—. A las 9 h misa de sufragio; a las 11 h se sirve la «sopa dos mortos» (alubias blancas, col gallega y chorizo de carne) en el salón parroquial.
Quien se queda, quien llega
De los 42 jóvenes, 35 estudian en el colegio de Paredes de Coura (a 5 km) y 7 en el CEPA de Valença. De los 111 mayores, 38 cobran la pensión social de 212 € y 23 perciben la renta mínima. El médico pasa los martes a las 14.30 en la sala de consultas de la junta; la enfermera está de lunes a viernes de 9 a 12. El café «O Cruzeiro» abre a las 7 para el cortado antes de sacar el ganado y cierra a las 20 cuando termina el telediario. Hay wi-fi desde 2016 y fibra desde 2021.
Los seis alojamientos turísticos son casas reconstruidas con ayuda del PRODER (2007-2013): tres tienen piscina, dos conservan el horno de leña, una mantiene el palomar donde se guardaba el maíz. El precio medio es 80 € la noche en agosto, 45 € en febrero. El visitante puede recorrer la ruta «Cunha – Fonte da Pipa – Couto de Cima» (PR3, 6,2 km, 2 h 30 min), señalizada en 2018, o tirarse al río en la playa fluvial de la Coura, 3 km abajo, donde el agua marca 20 °C en julio.
Cuando cae la noche, a las 22.30 se apagan los faroles (LED desde 2015) y se oye el río que no se ve. Queda el olor a eucalipto, la pizarra del día que se enfría, el perro del señor Joaquim que ladra a las lechuzas. Cunha duerme, pero a las 5.30 el primer tractor arranca y el ciclo vuelve a empezar.