Artículo completo sobre Mozelos: la campana que marca el tiempo del valle
Mozelos, en Paredes de Coura, guarda su historia en la piedra de su iglesia, el sabor del arroz de sarrabulho y la devoción de septiembre
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La campana de la iglesia de Nuestra Señora do Livramento da a las siete y a las siete, aunque el párroco esté de vacaciones. Subir a la torre es, desde hace años, tarea de Antonio, el sacristán: 78 años, ex emigrante en Francia. A 350 m de altitud, el valle del Coura cobija aquí a 343 vecinos (Censo 2021) y la luz no es “especial”; es la que basta para sembrar al amanecer sin quemar el verde de los maizales. El topónimo “Mosellus” figura ya en la Inquisición de 1258, aunque la aldea aparece en el foral de 1120 otorgado por doña Teresa a la Tierra de Coura.
Memoria grabada en la cal y el granito
La iglesia parroquial no es barroca; el retablo dorado es de 1753, encargado por el vicario Manuel de Sousa Pinto, y el frontón de piedra vista que hoy se ve data de la reforma de 1892, costeada con limosnas de los emigrantes en Brasil. Los azulejos azul y blanco del presbiterio son de 1947, regalo de la fábrica de Vila Nova de Gaia donde entonces trabajaban quince mozelenses. La ermita de Nuestra Señora de los Dolores, a la entrada de la aldea, alberga un único altar de madera pintada a imitación de mármol; se alzó en 1876 tras una promesa hecha durante la fiebre tifoidea.
Septiembre y el ritmo de las fiestas
El primer domingo de septiembre es el “Día de la Señora”: misa a las 11:00, seguida de procesión que baja por la Rua do Calvário, gira a la izquierda en la carretera municipal 558 y vuelve a subir hasta la iglesia. Delante llevan el palio de 1842 (28 kg, cuatro varas de castaño) y la banda de música de Cunha entona el “Himno a Nuestra Señora do Livramento” compuesto por José María Oliveira en 1953. En el patio de la escuela primaria (cerrada en 2009) se montan tres casetas: la de la Asociación de Mejoras sirve sarrabulho, la de la Juventud prepara bifanas y la señora Adelaida vende dulces de huevo — receta que aprendió en el Monasterio de Tibães en 1962.
El sabor del Minho en la mesa
El arroz de sarrabulho lleva sangre de cerdo recogida en la matanza de enero, embutidos caseros (linguiça, salpicón, farinheira) y menta del huerto. El vino verde blanco procede de la subregión de Lima, cepas Loureiro y Arinto; se bebe en vasos de 200 ml a 0,80 € en la única tasca abierta todo el año, el “Bar do Clube” (antigua sede de la Casa do Povo). El caldo verde se hace con col gallega cortada a cuchillo y aceite de Trás-os-Montes que la hija de don Joaquín le envía desde Chaves cada Navidad.
Sendas entre valles y bosques
El camino de tierra que parte del cruceiro de 1905 llega a Rubiães en 4 km, pasando por el lugar de Paredes (dos casas y un molino de agua desactivado). La vereda paralela al arroyo de Mozelos, afluente del Coura, tiene diez cursos de agua donde aún se practica el “baño de hierba” a las vacas en mayo. No hay marcas amarillas ni mojones medievales; solo los hitos de granito de 1938 que marcan la divisoria de aguas entre las cuencas del Lima y del Miño. Quien desee continuar hasta Várzea baja 200 m de desnivel por un empedrado de losas sueltas que resbala con la lluvia.
Cuando el sol se pone tras el Corno do Bico, el último autobús de Viacorteza (línea 502, Viana-Paredes) pasa a las 19:05 y tarda 45 minutos en llegar a la villa. Quedan los perros, el olor a leña encendida y la portada de la iglesia entreabierta hasta las 21:00 — hora en la que el sacristán vuelve a subir para cerrar la torre.