Artículo completo sobre Nogueira: campanas, nogales y valle del Vade
Entre castañares y molinos dormidos, la parroquia guarda el latido del Camino.
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El olor a leña quemada se mezcla con la humedad del río Vade. A las seis, la campana de la iglesia de São Romão repica — un sonido grave que sube el valle y se pierde entre los castañares. Nogueira, a 94 metros de altitud, tiene 374 vecinos y una vida que se sincroniza con las estaciones: la vendimia en septiembre, la matanza en enero, las romerías en verano. Quien se queda aquí convive con el ganado barrosao que sube y baja por los baldíos como si llevara el camino de casa grabado a fuego.
La memoria escrita en piedra y pergamino
El nombre aparece por primera vez en el Censual del Arzobispo D. Pedro, entre 1085 y 1089: Sancto Romano de Nogaria. El latín nucaria lo explica todo — hay nogales tanto como piedras. En 1190, la iglesia fue donada al Monasterio de Crasto y, durante siglos, los párrocos firmaban como abades, privilegio que pocas aldeas podían ostentar. La matriz, reconstruida en 1845, es el único edificio catalogado de la parroquia. El granito de la fachada, desgastado por la lluvia y el viento, es como un libro de familia: hay nombres que se leen bien, otros solo se intuyen.
La cruz de Santiago y el valle de los molinos
Nogueira es una de las paradas del Camino del Norte. Cuatro kilómetros dentro de la parroquia tienen flecha amarilla y vieira pintada en los muros; quien los hizo no perdió el tiempo. La Ruta del Vade, seis kilómetros hasta la playa fluvial, pasa por molinos que la vegetación fue tragando y por lagunas donde el zampullín de cuello aparece en invierno, sin hacer ruido. Al oeste, se entra en el Gerês. Arriba, en los baldíos, el buitre leonero da vueltas aprovechando las térmicas — parece que está mirando si el día merece la pena.
Agosto: procesión, verbena y pan bendito
El primer domingo de agosto, la capilla de Nossa Senhora da Paz se llena de velas. La procesión baja por la calle, los hombres llevan el palio al hombro, las mujeres cantan como quien cose a la puerta de casa. En el atrio, verbena: vino verde en vasos de cristal grueso, chorizo a la brasa, concertina que no falla. El día 24, San Bartolomé, hay bendición de pan y agua junto a la iglesia. En Navidad, las "liras" despiertan la aldea: petardos, clarines y trompas. Quien tenga sueño, se aguanta.
Posta barrosã y alvariño del Vade
En la cocina, la olla de hierro guarda la posta barrosã estonada — vaca que pastó en el Gerês, pequeña. Se sirve con alubias blancas y aceite nuevo. En los ahumados, los embutidos ganan el olor del roble; el salpicón, si está bien hecho, aguanta hasta que las almendras florezcan. De postre, pan de lujo de huevos blandos o bolillos de nuez — receta de la abuela, no falla. El alvariño del Vade se bebe fresco, con acidez que limpia la boca. Se acaba con aguardiente vieja, para "quemar" el frío que baja de la sierra al caer la tarde.
Cuando la luz del atardecer da en los bancales, el viñedo se vuelve cobre y oro. Al fondo, la acequia riega como un rosario que nadie olvidó.