Artículo completo sobre Fornelos e Queijada: piedra y niebla en el Lima
Pueblos sin señales donde el granito, la fiesta y el sabor a vino verde resisten.
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Las campanas repiquetean a las 6.30. En las laderas que bajan hacia el Lima, la niebla no se disuelve hasta pasadas las ocho. Quedan prados en bancales y viñedos que dan vino verde para el consumo cercano. El granito lo inunda todo: casas, muros, las diez mamoas del Monte de Fornos que nadie visita porque no hay señales.
Piedra, escudo y memoria
El Solar da Luz lleva el escudo de los Peixoto de Magalhães en la puerta, pero lleva años cerrado. La Casa de Cimo de Vila se ha convertido en alojamiento rural —70 € la noche, desayuno incluido—. La iglesia parroquial abre los domingos por la mañana y para los funerales. La imagen de Nuestra Señora de la Concepción cumple 400 años y necesita restauración: no hay dinero.
En la ruta de los peregrinos
El Central y el Nascente se cruzan en el café O Minho. Café: 0,65 €. Cargar el móvil: 1 €. No hay cartel en la pared: se cobra lo que siempre se ha cobrado. Los peregrinos preguntan por el siguiente albergue. Está a 12 km. No hay transporte.
Cuando el valle se llena de fe
15 de agosto: fiesta de la Senhora da Boa Morte. 6 de enero: Senhor da Saúde. Tercer domingo de septiembre: Senhor do Socorro. Esas noches, la tasquilla monta carpas en la plaza. Caña: 1 €. Caipirinha: 3 €. Se sirve sardina asada (8 € la ración) y caldo verde (2 € el cuenco). Los emigrantes vuelven de Francia. Las hijas traen a los nietos. Los padres no reconocen la aldea.
Sabores que no engañan
El restaurante Sarrabulho ofrece arroz de sarrabulho los miércoles y viernes. Rojões à minhota los jueves. Carne Barrosã cuando hay: depende de la carnicería. El vino verde se sirve en garrafas de cinco litros. No hay carta. Se pregunta qué hay. Se come lo que está hecho. Postre: bizcocho de D. Lourdes. Lleva tres huevos, no seis: los tiempos cambian.
Verde que no cansa
Las Lagoas de Bertiandos están a 4 km. Ruta señalizada: PR3. El aparcamiento cuesta 5 €. En las lagunas se ven garzas y, con suerte, una nutria. El sendero entre Fornelos y Queijada mide 2,3 km. Tarda 30 min. Lleva agua: no hay fuentes. Ni tiendas. Ni bares.
Cuando se pone el sol, las vacas Barrosã regresan al establo. El pan se vende en la panadería hasta las 19 h. Después, al día siguiente. El nombre Queijada ya nadie sabe de dónde sale. Hace 50 años se hacía queso de cabra. Hoy hay un Intermarché a 8 km.