Artículo completo sobre Gondufe, el pueblo donde el Lima duerme entre robles
421 almas, tres fiestas y un silencio que huele a humo de granito y agua estancada
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La luz de la mañana se cuela entre los robles y dibuja sombras alargadas sobre la tierra apisonada. El aire huele a vegetación húmeda de las lagunas cercanas y, muy tenue, a humo de la chimenea que aún resiste en alguna casa de granito. Gondufe respira despacio, al ritmo de quien ha aprendido que la prisa no cabe en estos 546 ha donde el Lima se enrosca en meandros y el agua acumula historias.
Viven aquí 421 personas, cifra que cobra sentido cuando se recorre la parroquia. Con 77 habitantes por kilómetro cuadrado, las casas se miran de lejos, los corrales son generosos y el silencio se alarga entre el canto de un gallo y el zumbido lejano de un tractor. De ellos, 126 han superado los 65 años; solo 37 niños corren aún por los caminos. La aritmética es clara, pero no explica la terquedad de quien se queda ni la raíz que produce esta tierra.
Donde el agua se detiene
Estar a tiro de piedra del Monumento Natural de las Lagunas de Bertiandos y San Pedro de Arcos define a Gondufe. A 174 m de altitud, la parroquia se sitúa en una zona de transición donde el agua no tiene prisa. Las lagunas, brazos muertos del Lima, forman un mosaico de biodiversidad que se nota en el ambiente: aire más fresco, más denso, olor a lodo y junco. Es territorio de garzas y de silencios que rompe el chapuzón repentino de una ave.
Los peregrinos conocen estos vericuetos. Gondufe la cruza el Camino Central Portugués y el Camino de la Llegada a Santiago, de ahí que esparcidos por la parroquia haya siete alojamientos en casas señoriales. No hay hostales ni hoteles: solo viviendas que abren puertas, sirven desayuno y señalan atajos. El granito de los mojones jacobeos brilla tras la lluvia, pequeñas brújulas de piedra que guían pisadas desde hace siglos.
Fe concentrada en tres fiestas
La devoción marca el calendario. La Festa da Senhora da Boa Morte (primera quincena de septiembre), la Festa do Senhor da Saúde (último fin de semana de mayo) y la Festa do Senhor do Socorro (primera quincena de agosto) rigen el año con procesiones, tracas y mesas largas. Tres romerías para una parroquia pequeña: cifra que habla de la fe como tejido social. En esos días la población se multiplica, los fuentes se llenan de filhós y cavacas, y la música de concertina subre hasta las colinas cubiertas de parra.
Porque Gondufe forma parte de la región de los Vinhos Verdes. Las vides crecen en emparrados altos, sostenidos por granito y alambre, y producen racimos que darán vinos de acidez viva. Y aunque la Carne Barrosã DOP no nace aquí —su terruño está en los altiplanos del sur—, llega a las mesas locales los días de fiesta, a la brasa de leña de roble, acompañada de broa de maíz todavía caliente.
Ca la tarde sobre Gondufe y las lagunas devuelven un cielo plomizo. Una campana repica a lo lejos, tres golpes que resbalan por el agua quieta. No hay prisa por llegar a ninguna parte: el camino ya es el destino, y el agua enseña que demorarse también es forma de avanzar.