Artículo completo sobre Santa Cruz do Lima: la otra orilla del río
Entre viñedos en socalcos y garzas en las lagunas, vive este Minho sin postales
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El golpe de las botas sobre la tierra compacta se mezcla con el cantar de las gallinas que llega de las quintas. A la izquierda del río Lima, los viñedos no son «geométricamente imperfectos»; son socalcos, como en todo el Minho, y solo parecen desordenados a quien ignora el terreno. A 43 metros de altitud, lo que se nota es la humedad fluvial, no el paisaje.
Territorio de cruces
223 hectáreas, 401 vecinos. La cruz que bautizó la parroquia sigue en la bifurcación hacia Bertiandos: nadie fecha la piedra, pero los mayores jurar que ya estaba antes que ellos. Hoy la atraviesan los peregrinos del Camino Central, aunque apenas paran. Los 29 niños estudian en la escuela unitaria de Ponte de Lima; la de aquí cerró hace años. Los 122 jubilados conocen cada casa, pero muchas ya están cerradas.
La iglesia celebra tres fiestas porque siempre las hubo. En septiembre, la de la Boa Morte —la que más gente congrega, por coincidir con el fin de las vacaciones—. Las otras dos, en mayo y junio, caen en laborable y son cosa de la parroquia. El festival se monta en la casa do povo: sardina a dos euros y vino blanco de la cooperativa.
Entre el valle y las lagunas
Las Lagoas de Bertiandos quedan a quince minutos andando. El sendero arranca en la carretera principal; es el mismo que usan los agricultores para llegar a sus parcelas. No es un «patrimonio natural», es el sitio donde se va el domingo por la mañana cuando no apetece misa. Los pantanos están ahí, pero nadie habla de «ecosistema único»; se dice «donde se ven las garzas».
Mesa minhota sin florituras
La carne Barrosã llega de la Quinta do Bispo, cinco kilómetros río arriba. Cuesta más, pero es lo que hay. El arroz de sarrabulho se come en el restaurante O Moinho; se lleva la jarra porque el tinto de la casa sale de botella abierta y sale más barato. El cocido portugués es para el domingo y hay que reservar la víspera o no queda. El vino verde es del lagar de la cooperativa: tres euros el litro, llevas la botella.
A las nueve el campanazo marca el tiempo de los labradores más que la misa. La niebla se disuelve cuando el sol entra en el valle, normalmente pasadas las diez. Mientras, ya está abierto el café do Cidade —el único de la parroquia—.