Artículo completo sobre Soutelo y Seara Velha: piedra y niebla en Trás-os-Montes
Pueblos de Chaves donde el camino de Santiago se pierde entre brezales y alheiras
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El granito del umbral está bruñido por siglos de pisadas. En la cocina, las chistorras de calabaza cuelgan del tejado ennegrecido por el humo. Afuera, la luz de octubre abre rendijas en la niebla. A quinientos metros de altitud, el aire sabe a musgo y a hoguera.
La unión de las parroquias de Soutelo y Seara Velha nació en 2013. Acoge a 461 almas repartidas en 1.800 hectáreas de brezales y robledales. Las calles son tan estrechas que dos peatrones apenas caben de frente. Las fachadas de piedra van cubriéndose de líquenes verde-azulados; los aleros de madera dibujan sobre el empedrado franjas de sombra que se alargan al atardecer.
Los caminos
Aquí se cruzan las dos variantes gallegas del Camino de Santiago: la Interior y la del Norte. Unas marcas amarillas en las portas guían al peregrino entre muros de pizarra sin argamasa y praderas donde pastan vacas de la raza maronesa. El único monumento protegido —una capilla del siglo XIII— se funde con el paisaje: sin vallas ni carteles, solo la piedra y el tiempo.
La despensa
En el fumadero reposan la alheira de Barroso (una butifarra de harina y carne de caza), el lomo adobado, el salchichón y la morcilla dulce. La patata amarilla de Trás-os-Montes, de textura harinosa, acompaña al cabrito estofado con romero. En otoño, castañas de la sierra de Padrela se tuestan en la plancha y se mojan en miel espesa de Barroso.
Censo
186 vecinos han superado los 65 años; solo 34 tienen menos de quince. Un solo apartamento turístico recibe visitantes. La densidad: 25 personas por kilómetro cuadrado, el silencio incluido.