Artículo completo sobre Vidago: aguas minerales y aristocracia en Trás-os-Montes
El valle donde el agua carbónica atrajo nobles y dejó palacios, estaciones y capillas de piedra.
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El vapor se eleva de los manantiales en finos remolinos, dibujando arabescos en el aire gélido de la mañana transmontana. Sobre las piedras del balneario, el agua mineral deja manchas herrumbrosas —huellas de siglos de efervescencia que convirtieron este valle en destino de peregrinación aristocrática. Vidago despierta al son de la Ribeira de Oura, que discurre discreta entre álamos y fresnos, indiferente a la Belle Époque que aquí se cristalizó en hierro forjado y azulejos franceses.
El palacio que domesticó la sierra
El Vidago Palace se alza en el centro del valle como un barco encallado lejos del mar —fachada color crema, ventanas altísimas, torres que recortan el cielo contra la Serra da Padrela. Inaugurado en 1910, cuando Europa aún creía que los balnearios curarían todos los males del cuerpo y del alma, el edificio conserva la geometría rigurosa de los jardines a la francesa y la solemnidad de los salones donde resuenan pasos sobre parquet barnizado. Junto a él, el antiguo Hotel Salus, de 1918, atestigua una época en que Vidago era conocida como la «Vichy portuguesa» —una etiqueta que atraía trenes llenos de burgueses lisboetas en busca de las aguas carbónicas gaseosas.
La estación de ferrocarril permanece como prueba física de esa ruta termal, con sus bancos de madera y el reloj parado en una tarde cualquiera del siglo pasado. Desde aquí partían y llegaban maletas de cuero, sombreros de ala ancha, promesas de cura que la ciencia moderna desmintió pero que la memoria preserva en las botellas de agua mineral aún embotelladas en los manantiales locales.
Entre capillas y cruceros porticados
Fuera del eje termal, la parroquia se dibuja en capillas rurales que puntean los montes. La Capela do Côto, dedicada a Nuestra Señora de la Salud, y la Capela do Olmo, bajo la advocación de San Simón, guardan altares sencillos donde el oro es escaso y la devoción se mide por el desgaste de las piedras del atrio. El Cruzeiro Alpendrado, con su tejado de pizarra protegiendo el granito esculpido, marca el centro de un territorio que solo en 1925 se desanexó de Arcossó, conquistando autonomía administrativa.
La Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Concepción mantiene la liturgia que organiza el calendario local, pero es en el Parque Centenario donde se encuentra la población —bancos de hierro a la sombra de plátanos centenarios, miradores que abren ventanas sobre la sierra y el valle. Desde aquí parte el PR4-CHV, el Sendero de las Colinas, cinco kilómetros que suben y bajan entre robles y castaños, revelando panorámicas donde el verde transmontano se extiende hasta el horizonte recortado de las cumbres.
Embutidos, castaña y memoria romana
En la cocina transmontana de Vidago, el embutido es ley —Presunto de Barroso cortado en lonjas translúcidas, Alheira y Salpicão de Barroso-Montalegre colgados en varas de madera ennegrecida por el humo. La Patata de Trás-os-Montes llega a la mesa asada en horno de leña, acompañada por Carne Maronesa o Cabrito de Barroso, carnes que llevan el sello DOP como garantía de pastos de altitud y cría lenta. En otoño, la Castanha da Padrela domina las ferias, asada o transformada en dulces que compiten con el Pastel de Chaves por la preferencia local.
La «Venus de Vidago», estatuilla romana descubierta en estas tierras y hoy expuesta en el Museo de la Región Flaviense en Chaves, demuestra que la romanización no ignoró este valle. Tal vez ya entonces las aguas fueran conocidas, aunque los legionarios no dejaran balnearios Belle Époque —solo monedas, cerámica y esa pequeña diosa de bronce que atravesó dos milenios intacta.
El Camino de Santiago atraviesa la parroquia en dos variantes —el Camino Interior y el Camino Nascente—, trayendo peregrinos que llenan cantimploras en las fuentes y siguen hacia el oeste, dejando huellas en la tierra húmeda. Al crepúsculo, cuando se encienden las luces del Vidago Palace y la niebla sube de la ribeira, el valle parece flotar entre dos tiempos: el de la aristocracia termal que nunca volverá y el del agua que sigue brotando, indiferente, fría y efervescente como siempre.
Datos clave
Población: 1.728
Altitud: 405,9 m
Distrito: Vila Real
Municipio: Chaves