Artículo completo sobre Ermelo y Pardelhas: pizarra, agua y silencio
Ruta entre cascadas milenarias y aldeas de pizarra en el corazón del Alvão
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El agua se despide del valle en saltos sucesivos, labrando la roca con surcos que el tiempo ahonda. El sonido de las Fisgas de Ermelo llega antes que la vista: un murmullo grave que crece al bajar la senda, hasta estallar en un rugido que llena todo el hueco entre laderas. El pueblo queda arriba, aferrado al pizarro, y desde aquí solo se recorta su silueta contra el cielo, diminutas casas testigo de un territorio que el agua moldeó durante milenios.
Ermelo figura en documentos desde 1196, cuando D. Sancho I le otorgó carta de villa. Pero la historia que aquí importa es más antigua: está grabada en los muros de granito que estrechan el río Olo, en las capas de pizarra que afloran en las laderas, en el propio trazado de la sierra. La iglesia parroquial marca el inicio del Trilho das Fisgas de Ermelo, un circuito circular de 12,5 km que obliga a bajar hasta el cauce y remontar después, conquistando cada metro de desnivel con la respiración rota y el sudor frío de la altura.
Cuando la caída se hace espectáculo
Las Fisgas despliegan más de doscientos metros de desnivel: una de las mayores cascadas de la Península Ibérica, dicen quienes miden estas cosas. Miguel Torga pasó por aquí en 1959 y escribió sobre el asombro y el terror que le provocó la grandiosidad de la naturaleza. No exageraba. Hay algo vertiginoso en el mirador de Lomba do Bulhão: comprender que el río se lanza al vacío sin dudarlo, deshaciéndose en velos blancos que el viento desvía antes de tocar fondo. En invierno, tras las lluvias, el caudal se multiplica y el estruendo ensordece. En verano el agua adelgaza pero no desaparece, y las Piocas de Cima e de Baixo se llenan de cuerpos que buscan el frío cortante de las pozas naturales.
Pizarra, carne y miel
La parroquia forma parte del Parque Natural do Alvão, y eso se nota en la densidad de población: ocho habitantes por kilómetro cuadrado, 172 de los 378 vecinos mayores de 65 años. Aldeas de pizarra como Varzigueto resisten vacías entre semana, pero el fin de semana sale humo de las chimeneas y el olor a leña se mezcla con el de las hierbas aromáticas de los prados húmedos. La cocina se sostiene en productos certificados: Carne Maronesa DOP, criada en pastos de altitud, Cordero de Barroso IGP, Miel de las Tierras Altas de Minho DOP, Jamón de Vinhais IGP. Todo acompañado del vino verde de la zona, ácido y fresco como el agua de las fuentes.
Romeros y silencio
La Noche de Romeros de Santiago y la Romería de Santiago traen algo de vida durante unos días al año: procesiones que suben y bajan laderas con antorchas y cánticos. El resto del tiempo impone el silencio, ese silencio denso de la sierra solo roto por el viento en las peñas y el grito lejano de alguna rapaz.
La piedra guarda la humedad aunque el sol calce alto. Apóyate en el muro de la iglesia antes de empezar el descenso y sentirás el frío del pizarro atravesar la camisa. Abajo, el río sigue cayendo.