Artículo completo sobre Paradela, Contim y Fiães: ríos, ahumados y matanza a 936 m
En Paradela, Contim y Fiães (Montalegre) el río Cávado nace entre lagunas glaciares, ahúman alheiras y corderos de Barroso y el olor a matanza llena los 93
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El humo sube recto desde la chimenea de granito: es día de matanza. En un balcón de madera ennegrecida por el sol, dos mujeres rellenan tripas con carne picada, trozos de calabaza y pimentón que tiñe los dedos de un rojo oscuro. El olor a ajo y pimienta se mezcla con el de la leña de nogal que arde despacio en el ahumadero. Estamos a 936 metros de altitud, donde tres aldeas —Paradela, Contim y Fiães— se unieron administrativamente en 2013, pero siguen marcadas por el ritmo de los pastos y los rebaños.
Nacimiento del Cávado y lagunas glaciares
El río Cávado nace aquí, en el paraje de la Barragem, a 1.200 metros de altitud, antes de bajar 135 kilómetros hasta el Atlántico. Contim custodia la laguna de Vascões, glaciar como las de Melgaço o Terras de Bouro, que en los inviernos crudos de 1954 y 1963 llegó a helarse del todo: los mayores juraban patinar sobre ella. La ruta circular de la laguna y el bosque, de 5,8 km, atraviesa sotos de aliso y robles rebollo donde anidan mirlos y, en el límite del hábitat, urogallos. Es paisaje del Parque Nacional da Peneda-Gerês, con afloramientos de pizarra y granito que brillan con la luz de la tarde.
Ahumados barrosões y patata de altura
La gastronomía no es ornamento: es el armazón de la vida. La alheira de Barroso-Montalegre IGP se ahuma en varas de nogal y adquiere un tono dorado y un sabor denso. El chouriço de calabaza, con IGP desde 1996, mezcla carne de cerdo bisaro con cucurbitácea y especias, dulce y picante a la vez. El cordero de Barroso, criado en pastos por encima de los 800 m, se estofa lentamente hasta que la carne se desprende del hueso. La patata de Trás-os-Montes IGP cuece en horno de leña con panceta, absorbiendo la grasa y el humo. Todo se prueba en el café «O Cávado», abierto desde 1987, acompañado de vino verde de altura: cepas Borraçal y Amaral plantadas en minúsculas parcelas entre muretes de piedra en seco.
Señor de la Piedad y Virgen del Llanto
La fiesta del Señor de la Piedad, el tercer domingo de septiembre, llena Paradela de procesión y verbena. Pero es el 15 de agosto, en la romería de la Virgen del Llanto, cuando los fieles llegan desde Montalegre, Boticas e incluso de Chaves para recibir la bendición campestre en la capilla del siglo XVIII, levantada tras el milagro de la fuente que se secó y volvió a brotar en 1713. En Fiães, la iglesia matriz manierista de 1598 exhibe un retablo barroco con talla dorada de 1724. Contim conserva el molino de agua del Penedo, rehabilitado en 2009, y dos cruces de granito de 1753 y 1787 que marjan antiguos cruce de caminos. Entre las casas de sillería con galerías a la portuguesa, los hórreos se alinean como centinelas del maíz.
Camino Nascente y luna llena
El Camino Nascente a Santiago atraviesa la parroquia y regala vistas al Larouco (1.535 m) y al Gerês desde el mirador de la Virgen del Llanto. José António Pereira, exjurado de Contim, organiza caminatas nocturnas en luna llena, cuando la pizarra brilla y el silencio de la montaña solo se rompe con el ladrido lejano de algún perro o el crujido de un jabalí entre las escobas. María da Conceição Faria, nacida en Paradela en 1945, mantiene viva la tradición del burel, tejiendo lana de oveja churra en un telar de madera que ya usó su bisabuela.
El rebaño de ovejas churras del Minho baja la calle principal de Paradela al caer la tarde, ocupando los trescientos metros que separan la iglesia del café. El sonido de las esquilas rebota en las fachadas de granito, se mezcla con la campana de las seis y se pierde en los valles profundos del Cávado. Ese sonido —metálico, repetido, ancestral— es el que se queda en la memoria de quien pasa por aquí.