Artículo completo sobre Moura Morta y Vinhós: aldeas que olvidó el tiempo
Entre pizarra y viñedo, dos pueblos unidos por la soledad y el silencio del Douro
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La pista serpentea entre muretes de pizarra que el tiempo desencaja. El puente de Cavalar, con dos arcos desiguales, aún soporta el paso de los tractores que bajan a las viñas. A la derecha, la sierra del Marão recorta el horizonte; a la izquierda, la ribera del Calvario discurre por debajo, seca en agosto, torrentera en enero. Setecientas cincuenta personas repartidas en dos aldeas separadas por siete kilómetros de curvas.
Un nombre y poco más
Moura Morta figura ya en las Inquisiciones de 1258. Vinhós también. En 1834 perdieron el ayuntamiento —el de Moção— y anexaron a Castro Daire. En 2013 las juntaron porque sobraban casas y faltaban vecinos. La leyenda de la mora asesinada es charla de bar: nadie sabe quién fue, ni cuándo, ni por qué.
Piedra sobrante
La iglesia de Vinhós, del 1739, guarda la llave en Oporto. El sacristán vive allí y sube los domingos. La Casa da Comenda de Moura Morta es hoy un pajar. El cruceiro del centro sirve de parada: ancianos, bolsas de plastico, y el autocar a las 7.30 hacia el hospital de Vila Real.
Águilas, si se tercia
En la Fraga da Ermida, a 580 m, anidan dos parejas de águila real. Se avistan mejor entre enero y marzo, antes de que brote la hoja. El sendero arranca detrás del cementerio de Vinhós: subida de 45 min, señales amarillas y rojas. Prismaticos en la mochila.
Lo que se come
El jamón bisaro cura en bodegas excavadas en la sierra de octubre a abril. Compreló a Zelia, en la tienda de Moura Morta: 24 €/kg, loncheado al momento. El restaurante O Cagaréu, en Vinhós, pone feijoada à transmontana los miércoles y sábados (9 €, vino de la casa incluido).
Cómo llegar
Desde la A24/IP3, salida 15 Mesão Frío/Régua. Tomar la N222 hasta Peso da Régua y enlazar con la EM534 a Vinhós (12 km). Moura Morta queda 7 km más arriba, carretera estrecha y revueltas. Autocar: línea 203 de Transdev, dos servicios diarios Peso da Régua-Vinhós-Moura Morta.
Cuando el último bus retorna a las 18.30, las aldeas recuperan el silencio. Las piedras, las mismas de siempre, aguardan la siguiente luz.