Artículo completo sobre Tinhela y Alvarelhos: pizarra y tungsteno en la sierra
Entre túneles de wolframita y casas de lousa negra, el aroma a leña envuelve estas aldeas trasmontan
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El granito aflora en las laderas como costilla expuesta de la sierra. Aquí, a 641 metros de altitud, el viento arrastra el olor metálico de las minas abandonadas mezclado con el humo de la leña que sale de las chimeneas. En las aldeas de Tinhela y Alvarelhos, unidas desde 2013 en una sola parroquia, las casas de pizarra oscura se alinean a lo largo de calles estrechas donde los pasos resuenan contra la piedra. Son 261 habitantes repartidos por casi 2.900 hectáreas de montaña trasmontana, donde cada valle esconde un arroyo afluente del Támega.
Túneles en la montaña
La Cortinha da Preta marca el paisaje como cicatriz geológica. Esta mina de tungsteno, concesionada en 1948 a la empresa Minas de Argozelo, Lda., abrió galerías en la roca en busca del metal que alimentó la industria bélica. Hoy, los túneles vacíos son testigo de un tiempo en que la montaña daba trabajo: martillos neumáticos rompían el silencio, rieles transportaban vagones cargados de mineral. Las entradas permanecen, bocas oscuras en la ladera, mientras la vegetación rastrera empieza a reclamar los caminos de acceso. Es un punto de interés geológico donde se lee la historia industrial del nordeste trasmontano escrita en estratos de cuarzo y wolframita.
Piedra sobre piedra
En Alvarelhos, la arquitectura tradicional resiste al abandono. Las casas se levantan en mampostería de pizarra, muros gruesos que guardan el frescor en verano y retienen el calor de las chimeneas en invierno. Los dinteles de las puertas son bloques macizos de granito gris, pulidos por el tacto de generaciones. Algunas ventanas conservan postigos de madera cuarteados, pintados de azul desvaído. En las calles, el pavimento irregular obliga a caminar con atención: cada piedra se colocó a mano, ajustada al peso de las yuntas de bueyes que por aquí pasaron durante siglos.
Mesa tras montaña
La cocina responde a la altitud y al frío. El Folar de Valpaços IGP llega a las mesas en Pascua, masa compacta rellena de carnes ahumadas. El Queso Terrincho DOP, elaborado con leche de oveja de raza churra, tiene sabor intenso y textura firme. En las casas cuelan jamones de raza bísara en los ahumados, donde el humo de roble los cura lentamente. El Cordero Terrincho DOP y la Carne Maronesa DOP provienen de rebaños criados en extensivo en las laderas. En otoño, la Castaña de Tierra Fría DOP se tuesta en las brasas, corteza que cruje bajo el calor.
Caminos entre sierras
Los senderos rurales se dibujan entre muros de piedra suelta y prados abandonados. Caminar aquí es atravesar un paisaje de transición: ni montaña alta ni valle fértil, sino un territorio intermedio donde la tierra resiste a la erosión y los robles crecen torcidos por el viento dominante. Los arroyos corren estrechos entre márgenes cubiertas de helechos y silvas. En primavera, las retamas amarillas estallan en las bermas de los caminos.
Al caer la tarde, el humo de las chimeneas sube vertical en ausencia de viento. Se oye la campana de Nuestra Señora de la Asunción en Tinhela, tres golpes secos que atraviesan el valle. En las calles desiertas de Alvarelhos, la pizarra aún guarda el calor del sol poniente.