Artículo completo sobre Vales
A 600 m, entre granitos y nieblas, sobreviven 291 almas que cultivan sabor
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La luz del amanecer llega despacio a los valles encajonados entre las sierras de Trás-os-Montes. A casi seiscientos metros sobre el nivel del mar, el aire trae un frío seco que se resiste a irse hasta que el sol cobra fuerza. El silencio solo se rompe con la campana de la iglesia o con el ladrido lejano de un perro pastor. En Vales, parroquia de Valpaços donde residen doscientas noventa y una almas repartidas en más de dos mil hectáreas, el espacio sobra y el tiempo marca otro ritmo.
Los números cuentan una historia que se repite por toda la Tierra Fría trasmonatana: tres niños, ciento dieciséis mayores. La densidad de población apenas alcanza los ocho habitantes por kilómetro cuadrado. Casas de piedra y cal cerradas se alternan con otras por cuyas chimeneas aún sube humo. El granito gris de los muros guarda la memoria de generaciones que trabajaron estas tierras altas, donde el invierno muerde y el verano calienta sin miramientos.
Lo que se cultiva en altitud
La altitud y el clima continental extremo han modelado una agricultura de resistencia. La Patata de Trás-os-Montes IGP encuentra aquí condiciones ideales: noches frescas, días luminosos, suelos pobres que concentran sabor. En los regajos más resguardados aún pastan rebaños de ovejas Terrinchas y cabras autóctonas, que dan origen al Queso Terrincho DOP y al Cabrito Transmontano DOP. En los meses fríos, la matanza del cerdo bísaro alimenta la tradición del Jamón de Vinhais IGP, curado lentamente en el aire seco de la sierra.
La gastronomía aquí no es espectáculo: es necesidad convertida en arte. El Folar de Valpaços IGP, pan relleno de carnes y embutidos, nace de las mismas manos que amasan el pan de centeno para la semana. El Cordero Terrincho DOP se asa en hornos de leña, adobado solo con sal gorda y ajo. La Carne Maronesa DOP, de bueyes criados en semilibertad en las laderas, tiene una textura fibrosa y un sabor intenso que no se encuentra en animales de establo.
Memoria y ausencia
Caminar por Vales es atravesar un paisaje donde la ausencia se hace presente. Cortes abandonados, muros de pizarra desmoronándose lentamente, caminos empedrados que ya nadie recorre a diario. Pero también hay resistencia: huertos cuidados, vides podadas, leña cortada y apilada con geometría junto a las casas. El territorio sigue trabajándose, aunque con manos cada vez más arrugadas.
La región vinícola de Trás-os-Montes se extiende hasta aquí, aunque sin la proyección del Duero más al sur. Son viñedos de altitud, pequeñas parcelas familiares donde se elabora vino para consumo propio: tinto corpulento, casi áspero, que reclama comida contundente y conversas largas a la mesa.
Qué merece la pena ver
Iglesia de São Tiago: Del siglo XIII, reconstruida en el XVIII tras el terremoto. La fachada es sobria, pero el retablo de talla dorada merece una mirada.
Quinta das Covas: Antigua casa señorial con capilla privada. Hoy en ruinas, pero permite entender la dimensión de la propiedad que dominaba la parroquia.
Molino de agua del Ribeiro: Conserva la rueda de piedra. Hay que telefonear al señor Armindo, que abre para enseñar el mecanismo.
Camino de Santiago: Por aquí pasa la rama interior portuguesa. Pocos peregrinos eligen esta variante, pero las marcas amarillas son visibles en muros y postes.
Cómo llegar
Desde Valpaços, tomar la N15 dirección Chaves. Tras el puente sobre el Torno, girar a la izquierda hacia Vales. Son 12 km de carretera comarcal estrecha, los últimos 3 en mal estado. El autobús de Transdev une Valpaços con Vales solo los lunes y jueves. Hay aparcamiento en la plaza junto al cementerio.
El frío de la noche cae deprisa a estas altitudes. Se encienden las chimeneas, se cierra el ganado, se recogen las gallinas. El silencio vuelve a instalarse, denso como la niebla que a vece sube de los valles. Queda el olor a humo de roble, a tierra húmeda, a paja seca en los pajares: olores que marcan el paso de las estaciones en este rincón de Trás-os-Montes donde la tierra sigue marcando el compás.