Artículo completo sobre Sabroso de Aguiar: olor a cabrito tras el fuego
Entre el Alvão y Aguiar, el pueblo renace con hornos de leña, patata IGP y senderos sin señales
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El humo sale de los hornos de leña al caer la tarde. No es de las chimeneas —ésas solo echan vapor en invierno—, sino del cabrito que se asa despacio. Huele a romero y a grasa chispeante. Se mezcla con la tierra húmeda. Tierra que, tras los incendios de 2017, tuvo que reaprender a respirar.
Sabroso de Aguiar está a 568 metros de altitud, entre el altiplano de Aguiar y la sierra del Alvão. Su nombre viene del latín sabrosu: sabroso. Aún le va al pelo, a pesar de las cicatrices.
La iglesia que resistió
La iglesia parroquial de San Juan Bautista preside la plaza mayor. Piedra clara del siglo XVIII contra casas de pizarra. Se alzó sobre una capilla del XVI y conserva detalles barrocos que sobrevivieron al fuego de octubre de 2017. Entonces, las llamas devoraron cerca de 8.000 hectáreas.
Los registros eclesiásticos de 1546 ya citan a San Juan Bautista. El 24 de junio hay misa, procesión y verbena. La campana toca al mediodía y el eco recorre los caminos rurales que unen Sabroso con las aldeas vecinas.
Lo que se come
En las quintas de alrededor, la patata de Trás-os-Montes IGP crece en parcelas pequeñas, regada por arroyos que solo llevan agua en invierno. Sirve para sopa o para acompañar el Cabrito de Barroso IGP, asado en horno de leña hasta que la piel crepita.
También hay carne Maronesa DOP y Cordero de Barroso IGP, con patata arrugada y vino de la zona. Al final, miel de Barroso DOP con queso o broa templada. Aquí comer no es espectáculo para turistas: es sustento, domingo y memoria.
Senderos sin señales
Los senderos parten del pueblo: suben y bajan entre pinares jóvenes y muros de piedra. No hay marcas, pero sí hitos antiguos, cruces de granito y fuentes con agua fría incluso en agosto. Aún se ven troncos chamuscados y brotes verdes. La recuperación se mide en años, no en meses.
Fiesta de la villa
La Fiesta de la Villa y del Concejo trae música, ferias y jamón de Vinhais IGP cortado al cuchillo. Durante días, los 548 habitantes se multiplican: emigrantes que regresan, jóvenes que vuelven de la ciudad, 162 mayores que recuperan compañía y 50 niños que corren entre las casetas. Los más veteranos hablan del precio del ganado y de la cosecha.
Al atardecer, el humo de los hornos se confunde con la niebla que baja de la sierra. El olor a cabrito se pega a la ropa y a la memoria. Sabroso sigue mereciendo su nombre.