Artículo completo sobre Cimbres, el pueblo donde la castaña es reina
Entre viñedos en terraza y ahumadores al alba, la aldea guarda olor a castaña tostada.
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El humo asciende del ahumadero en espiral pausada, fundiéndose con la niebla que aún no se ha despejado de los bancales. A la parte de atrás de la casa de piedra, alguien remueve castañas sobre la plancha de hierro y el aroma tostado se extiende por el aire frío de la mañana. Cimbres despierta despacio, a 740 metros de altitud, entre viñedos en terraza y castañares que dibujan manchas oscuras en la ladera. El silencio solo se rompe con el crujido de una verja de madera y el canto ronco de un mirlo posado en la cruz de granito junto al atrio.
Piedra, talla y fe del siglo XVIII
La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción se alza en el centro de la aldea, su cal blanca contrastando con la pizarra de las casas vecinas. En su interior, el retablo de talla dorada atrapa la escasa luz de los ventanales altos, y los paneles de azulejo cuentan historias mudas en tonos de azul cobalto. Más arriba, por el camino que serpentea entre muros de piedra suelta, la Capilla de Nuestra Señora de la Piedad aguarda a los romeros del domingo de Quasimodo. La nave manierista guarda un crucero del siglo XVII, testigo de promesas cumplidas y rezos murmurados al viento.
La reina de los sotos
Aquí la castaña no es solo un fruto: paga los impuestos, manda a los críos a la universidad, mantiene a sus 270 vecinos. La Castaña de los Sotos de la Lapa DOP crece en los valles por donde baja la Ribeira de Cimbres, en microhábitats ribereños que alimentan los castaños centenarios. En otoño, los erizos se abren sobre el suelo cubierto de hojas amarillas y las mujeres los recogen en cestas de mimbre que trajeron sus abuelos del Minho. Después llega la sopa humeante que doña Idalina hace en el lagar, el dulce aterciopelado de la tía Alice, los bizcochos densos de la panadería que solo abre los viernes. En las magostas de invierno, la castaña se tuesta sobre brasas mientras circulan copas de jeropiga entre manos agrietadas por el frío —y nadie se preocupa de tener los dedos negros de hollín.
Romerías que marcan el año
Marzo trae a San Gregorio y la bendición de los campos, cuando la tierra sigue húmeda y las viñas empiezan a despertar. El padre Antonio baja desde Armamar en un Renault 4L amarillo y todo el pueblo se junta en el atrio con ramas de laurel. Septiembre convoca a Nuestra Señora de los Dolores y la Feria de Santiago, mezcla de procesión y mercado: puestos de artesanía donde Helena vende sus alfombras de telar, dulcería conventual envuelta en papel de estraza, botellas de aguardiente de orujo añejo etiquetadas a mano por don Alfredo, que nunca ha usado gafas. Entre una fecha y otra, los días transcurren al ritmo de los trabajos de la viña: podas, vendimias que tiñen de púrpura los lagares comunitarios aún en uso —y donde João pisa la uva descalzo, como hacía su padre.
Veredas entre pizarra y cielo
No hay senderos señalados ni placas turísticas, pero las veredas existen: caminos de tierra apisonada que van de castañar a viña, de capilla a riachuelo. Empiezan detrás de la casa de don Domingos, donde el muro está roto desde hace diez años, y bajan hasta la acequia donde las mujeres aún lavan la ropa en agosto. Los caminantes que las descubren atraviesan paisajes de bancales dorados al atardecer, oyen el murmullo del agua en las levadas de riego, observan carboneros de capirote en los matorrales. En los días claros, la Sierra del Marão se recorta en el horizonte, recordando que el mundo se extiende más allá de estos 607 hectámetros donde viven solo 270 personas —y donde todos conocen el nombre de la perra de Toninho.
El último ahumadero se apaga al crepúsculo y el olor a leña de castaño queda suspendido en el aire gélido, mezclado con el perfume terroso de los muros cubiertos de musgo. Esa es la huella que Cimbres deja en la memoria: no una imagen, sino un aroma que se pega a la ropa y a la piel, prueba física de que estuviste aquí, entre el granito y la castaña, donde el Duero aún es silencio y altitud.