Artículo completo sobre Vacalar: donde el Duero besa la pizarra y la vid
En Armamar, 172 almas custodian viñas en terrazas de pizarra y fiestas que olven a mosto y castaña
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La campana de la ermita de San Gregorio da el mediodía y su bronca baja por la vaguada hasta estrellarse contra el risco que el Duero aún no ha tragado. Vacalar se agarra a 240 m de altitud, en el límite occidental del municipio de Armamar, donde la pizarra se muestra en bruto entre los bancales y el aire huele a tierra que el caballo acaba de revolver. Son 172 personas repartidas en 615 ha, cifra que la parroquia no alcanzaba desde el primer censo de 1864, cuando contaba 169 almas.
La impronta de la viña
Incluida en la subregión del Cima-Corgo, el paisaje es Patrimonio de la Humanidad desde 2001. La vid ocupa el 42 % del territorio (CCDRN 2022), con predominio de cepas viejas en terrazas de pizarra donde se planta Touriga Nacional, Tinta Roriz y Sousão. En la «Casa dos Lagares» aún se pisaba a pie hasta 1987; hoy, dos bodegas de quinta —Vale de Cavalos y Covas do Douro— compran la uva a los 28 viticultores activos. La luz invernal, rasante a las 16.30, incendia las cepas y todo el valle se tiñe de óxido y ocre.
Tres romerías, tres tiempos
– 15 de agosto, N.ª Sra. de la Piedad: procesión con anda de 1789, pintada por José de Armamar, y diana a las 6 h con costillas del matadero.
– 15 de septiembre, N.ª Sra. de los Dolores: coincide con la Feria de Santiago, documentada desde 1591 (libro 3 de las Actas del Ayuntamiento). El atrio se llena de hierros, herramientas y capones de engorde.
– 9 de diciembre, San Gregorio: misa campestre seguida de «bolo de São», dulce de boniato y piñón que se parte con el pie para abrir la suerte.
Castaña y mesa del Duero
La castaña «Soutos da Lapa» tiene DOP desde 1996 y 23 productores inscritos. La almendra es dulce, 28-30 g, y se mete al horno de leña después de remojarla en agua y vino. Acompaña el tocino dorado, la alheira de Mirandela curada en chimenea de castaño y el pan de centeno fermentado 24 h. En invierno, la sopa de nabos lleva embutidos de Vacalar —chorizo de sangre y panceta entremezclada— y el vino tinto de la cosecha se sirve en vasos de 75 ml, a la antigua.
Silencio habitado
De los 172 vecinos, 14 tienen menos de 14 años y 55 más de 65 (INE, 2021). Hay 5 alojamientos rurales inscritos (RNAL 2023), cuatro en casas de pizarra rehabilitadas con ayuda PRODER y uno en palomar de dos plantas. La escuela cerró en 2009; la panadería, en 1998. Aun así, el Centro de Día abrió en 2017 y atiende a 18 usuarios. A las 21 h, cuando cierra la consulta médica, se enciende la luz de la taberna de Zé Sampaio —abierta desde 1976— y el pueblo vuelve a oírse: copa de aguardiente de 20 ml a 0,60 €, dominó rayado con tiza y la radio TSF siempre en Antena 1.
El viento de la tarde mueve los castaños del souto de la Levada y trae el ronroneo del tractor de la Quinta do Covão, que sube en tercera hacia los Patamares do Carril. Vacalar no tiene mirador ni tienda de recuerdos. Ofrece el granito astillado bajo el zapato, el olor a tierra quemada tras la poda de la vid y el calor de la castaña que cruje entre los dedos, aún con agua del río que corre escondido al fondo del valle.