Artículo completo sobre União das freguesias de Alhões, Bustelo, Gralheira e Ramires
Cuatro pueblos de Cinfães donde la campana marca el tiempo y la pizarra guarda la memoria
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El eco que se pierde entre los cuarteles de pizarra
La campana de la ermita tarda un suspiro en desvanecerse entre las sierras. A 1.115 m, el aire huele a eucalipto y a tierra recién removida. Cuatro aldeas —Alhões, Bustelo, Gralheira y Ramires— se enlazan por sendas de laja que sujetan bancales a mil metros de altura.
Cuatro nombres, un solo registro
La unión administrativa llegó en 2013. Antes, cada topónimo valía por sí solo: Alhões quizá provenga del árabe, Ramires de una estirpe, Gralheira del monte que la domina. Hoy son 517 personas en 37,5 km². Basta para entender el vacío: 52 niños, 171 mayores, 13 habitantes por kilómetro cuadrado. Las casas de granito se agrupan por necesidad: las huertas al sol, los robles en la cima.
Fiestas sin programa
Tres romerías marcan el año. En San Juan, San Pedro y el Señor de los Enfermos, la gente baja de los lugares a la procesión. Llevan andas, tocan concertinas, venden broas en el atrio. No hay programa: se sabe lo que toca porque ayer ya se hizo.
Lo que se come si se pregunta
Carne Arouquesa de los pastos altos, miel de brezo, vino verde de la parcela de al lado. Se cocina en casa: rojões con pimentón, papas de sarrabulho en cuencos de barro. No hay restaurantes. Quien quiere comer, pregunta a la porteira.
Un alojamiento y el viento
Caminar aquí es oír el viento en los pinos y el perro del vecino tres valles más abajo. Hay un alojamiento registrado. Uno. El resto es monte, pizarra y la campana que marca las horas porque siempre lo ha hecho.