Artículo completo sobre Cambres: el pueblo que enseña a la vid a escalar rocas
Cambres (Lamego, Viseu), corazón del Alto Douro: casas de granito, viñedos en bancales, romería de Nossa Senhora dos Remédios y senderos del Camino.
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La campana de la iglesia da las horas y el sonido resbala cuesta abajo como quien tira el último trago de vino al fregadero. Cambres no es un mirador; es un puñado de casas que se dieron la mano sin apretar demasiado. Unos 1.600 vecinos repartidos en 1.128 hectáreas de granito y bancales donde la vid tuvo que aprender geometría para no despeñarse.
Forma parte del Alto Douro Vinhateiro, sí, pero aquí no hay photocall: es tierra que se lleva la piel entre los dedos desde que el bisabuelo del vecino decidió que aquella piedra también podía dar uvas. La luz es de interior —la que, si eres listo, aprovechas para secar la ropa en la cuerda y sacarle la humedad a las toallas.
El centro por el que todos pasan y nadie se queda
La iglesia, el centro social, el cementerio y la antigua escuela primaria forman una manzana que sirve para todo: misa, café, entierro, pleno de la junta parroquial y punto donde el crío espera el autocar. En el centro social hay un panel de azulejos que hasta resulta vistoso, pero lo que importa es el arroz de carqueja los viernes y el precio de la aguardiente en la barra —1,20 €, copa pequeña, no es sitio para guiris.
En septiembre la romería de Nossa Senhora dos Remédios llena el atrio. Vuelven los emigrantes de Francia, los hijos que ya viven en Oporto y traen a los nietos que nunca han visto una gallina en directo. Hay sardina, cerveja estripada (cerveza tirada a golpe) y bombos que se escuchan hasta Sande. Al día siguiente queda solo olor a ceniza y vasos de plástico bajo los plátanos; la aldea recupera su tamaño exacto.
Sendas para quien le gusta subir y bajar
Por aquí cruza el Camino de Santiago, pero no esperes flechas amarillas ni albergues en cada esquina. La señal es una piedra pintada que, si ha llovido, puede estar cubierta de barro. Los peregrinos aparecen en silencio, piden agua en el grifo y preguntan si hablamos español. Les contestamos que hablamos, pero no hace falta: agua es agua en cualquier idioma.
Cuando el día enfría y el tractor sube la última curva antes de cenar, el mejor espectáculo es el silencio. No hay entrada, ni guía, ni tienda de recuerdos. Hay, eso sí, la puerta de María que se cierra con un crujido que todo el mundo reconoce, y el olor de la tierra que ya no arde —señal de que el granito está cansado y la noche ha llegado.