Artículo completo sobre Chavães, el aroma a castaña que frena el tiempo
En Tabuaço, a 889 m, sobreviven 299 almas entre soutos milenarios y bancales de pizarra
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El aroma a castaña asada llega antes que el humo. A 889 metros, el invierno despunta afilado y obliga a refugiarse en las dos únicas tabernas del lugar, donde sirven vino caliente y se habla a gritos. Chavães suma 299 vecinos, una cifra que mengua cada año. Quien se quema los soutos de memoria: doscientas hectáreas de castaños que producen la Castaña dos Soutos da Lapa, con DOP desde 1996.
Piedra y viña en el corazón del Duero
La iglesia de Santa María do Sabroso cierra a las seis. La llave guarda Mário, a cincuenta metros, pero solo abre si le dejas dos euros para la misa del domingo. Alrededor, los bancales son tan estrechos que no cabe una máquina: aún se labra con mulo en las laderas más empinadas. La pizarra apilada hace siglos aguanta la tierra; si no, el primer aguacero se la lleva.
Lo que queda del tiempo
No hay castillo ni picota. Sí la ermita de São Sebastião, a mitad de camino hacia Tabuaço, donde se guardan imágenes de 1723 cubiertas de polvo. El archivo parroquial conserva bautismos desde 1689; los más antiguos presentan agujeros de polilla. El nombre «Chavães» figura en documentos de 1220, pero nadie sabe exactamente qué significa.
Fiestas que juntan a la aldea
El 4 de diciembre es Santa Bárbara. Montan la carpa en la plaza porque siempre hace frío y llueve. El rancho trae Covas do Douro, toca vira y chula, y se reparte caldo verde con panceta en platos de plástico. En junio, la de San Juan atrae más gentío: sardina a ocho euros el plato y hoguera en la plazoleta del Cruceiro donde los críos chamuscan el pescado.
A la mesa
La castaña aparece en todo: en el arroz al horno, en el flan, sustituyendo a la patata en el cocido. El restaurante O Céu (solo fines de semana) prepara jabalí de la sierra con castañas; hay que reservar: 254 789 123. El tinto de la casa procede de la Quinta da Veiga, a 3 km, y cuesta cuatro euros la botella. No hay menú vegetariano.
Para andar
La ruta dos Soutos mide 7 km, empieza junto al cementerio y sube hasta los 950 m. Lleva agua: no hay bar en el recorrido. Señales amarillas y blancas, algunas desdibujadas. En día claro se divisa el Duero hasta Pocinho. Cuidado con los perros de las quintas: ladran, pero no mueren, dicen.
Al caer la tarde, el café de Zé cierra a las ocho. Es el último sitio donde tomar un café por sesenta céntimos antes de volver a la carretera comarcal que lleva a Tabuaço. Las luces se encienden una a una, pero no hay farolas: lleva linterna.