Artículo completo sobre Santiago, el pueblo que huele a leña y queso
En la Sierra de la Estrela, donde el tiempo se cuaja como el queso de José
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El olor a leña quemada se cuela por las callejuelas antes de las seis de la mañana, cuando aún se oyen los pasos del panadero subiendo la Rua do Forno. A 451 metros de altitud, Santiago se extiende sobre 7,84 km² donde viven 1.163 personas —un 40 % menos que en 1981, cuando el censo contó 1.939. El despoblamiento no es una cifra: es la casa de Joaquim Matias, número 14, que quedó vacía la pasada Navidad, y el taller de Adérito que cerró en 2019 por falta de relevo.
La despensa de la Beira
El queso que se come los viernes llega de la Quinta do Cabeço, donde José Dias cuaja la leche caliente a las 7.30, como su padre y su abuelo. La diferencia es que hoy lleva 380 litros diarios a la cooperativa de Seia, frente a los 80 que en 1973 bastaban para mantener a cuatro hijos. El cabrito que se asa en el horno de leña del restaurante O Abrigo lleva sello IGP, pero quien lo adoba es Fernanda —está ahí desde 1991 y sabe de memoria el peso de los nacidos en Videmonte, a 12 km, donde el matadero municipal aún funciona los martes.
El límite del parque
La carretera comarcal 518-1 sube 3 km hasta el límite del Parque Natural de la Serra da Estrela, pero antes pasa por el mojón geodésico de 1952 grabado con “DGOTDU” —la antigua Dirección General de Ordenamiento del Territorio y Desarrollo Urbano. Aquí la ruta PR1 SGN lleva hasta las fragas de São Romão, donde la pizarra antigua del Complejo de Douro roza el granito de los mármoles de Santa Marta, con 480 millones de años. A 2,4 km nace el Ribeiro de Santiago, que abastece la aldea desde que se hizo la captación en 1967; antes, cada casa tenía su pozo, aún visibles en los patios.
El ritmo de las cosas
El ultramarinos “O Cantinho” abre a las 8.30 o “cuando llegue doña Lurdes”, lo que significa que, si el nieto tiene cita en el centro de salud de Seia, puede ser las 9.15. No hay tarjeta: la cuenta corriente sigue en el cuaderno de espiral, entre las páginas 42 y 43, con 27 clientes activos. A las 16.30, cuando el autobús de Transdev (línea 314) sube la única vez diaria desde Seia, se callan las conversas en la terraza del café Celta: es la hora en que llegan los pedidos de la farmacia y el correo certificado. El sol se esconde tras la cima del Carril a las 18.04 en diciembre y entonces se encienden las primeras hogeras —la leña es alcornoque y roble, cortado en la sierra concedida al ayuntamiento de Seia en 2018. Es en ese humo, subiendo recto entre las chimeneas de 1934 (año de la red de aguas y alcantarillado), como Santiago sigue viva: 776 personas menos que hace cuarenta años, pero con el mismo olor a pan y a ceniza que recuerda su hermana mayor, aún viva, de la guerra.