Artículo completo sobre União das freguesias de Geraz do Lima (Santa Maria, Santa Leocádia e Moreira) e Deão
Unión de freguesías donde el oficio del lino se mece entre granito, agua y disputas vecinales
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El golpeteo del lino resuena todavía en las acequias. Es un sonido seco, cadencioso, casi extinguido: la fibra estrellándose contra la losa húmeda hasta ablandarse. A orillas del Lima, donde cuatro aldeas se fundieron en una sola parroquia por decreto pero siguen defendiendo sus identidades, el oficio ancestral se exhibe a los curiosos en un pequeño núcleo etnográfico. El agua corre fría y clara entre los dedos de quien se atreve a ensayar la técnica. El granito guarda, como cicatrices, la huella de generaciones de golpes.
Cuatro aldeas, una tensión compartida
La Unión de Parroquias de Geraz do Lima y Deão es un ejercicio de vecindad forzada. Santa Maria, Santa Leocádia, Moreira y Deão se agruparon administrativamente en 2013; en 2022, la asamblea aprobó por mayoría solicitar la desescisión: disputas por la gestión de recursos, las fiestas y la identidad. Cada una conserva su capilla, su santo, su día de romería. Cada una protege sus terrazas que bajan al río, donde la vid verde se mezcla con el maíz, los castañares y los pomares. La densidad —160 habitantes por km²— contrasta con el silencio que cae al atardecer, cuando los 828 mayores se recogen y las 309 criaturas desaparecen entre casas de granito.
La iglesia parroquial de Santa Maria de Geraz, declarada Bien de Interés Público en 1977, se alza con la sobriedad manuelina matizada por dorados barrocos. Los arcos son de sillar, fríos al tacto incluso en agosto. Dentro, la luz entra oblicua por ventanas estrechas y dibuja azulejos del siglo XVIII. El edificio respira la humedad de los inviernos minhotos; el incienso se mezcla con el tufillo de las paredes gruesas. A su alrededor, casaleras y hórreas —centinelas de madera cuarteados, algunos aún en uso, otros convertidos en trasteros para la maquinaria moderna.
Senda que obedecen al agua
El PR21 – Senda del Valle del Lima nace y muere en Geraz en un circuito de 15 km que discurre junto a la levada del siglo XVIII. Esta acequia de riego, construida para abastecer los campos de maíz, sigue operativa. El agua murmulla entre piedras musgosas. La ruta asciende hasta los 394 m en la ladera suroeste, donde robledales y quejigares ofrecen una sombra densa y el aire huele a tierra mojada y resina. Abajo, la ría del Lima se abre en grises azulados, salpicada de gaviotas y garzas reales que pescan en la orilla. El Camino de la Costa, ruta jacobea que une Oporto con Santiago, atraviesa estas tierras sin alarde, señalado por flechas amarillas discretas sobre paredes encaladas.
Vinho verde y cabrito los domingos
Septiembre trae el Festival Verde: las adegas cooperativas abren sus puertas para catas comentadas por enólogos locales. El vino verde de la zona —acidez viva, ligera efervescencia, notas cítricas— se bebe fresco, en copas pequeñas, acompañado de queso curado y aceitunas. Fuera de fechas, se pueden concertar visitas a las cuevas, donde las cubas de acero conviven con prensas de madera conservadas como reliquias. En Deão, las tascas sirven cabrito asado el fin de semana: carne tierna que se deshace en el tenedor, adobada con ajo y colorau, acompañada de patatas que absorben la grasa dorada.
Fiestas que no se dejan fundir
Octubre pertenece a la Festa das Rosas en honor a Nuestra Señora del Rosario: andas floridas llevadas por hombres descalzos y cantadas al desafío que duran hasta el amanecer. Agosto es de Nuestra Señora de las Nieves, con procesión y baile de ranchos folclóricos. La Romaría de Nuestra Señora de la Agonía, ligada a la vendimia, mezcla lo sagrado y lo profano: bendición de las viñas al amanecer, vino a raudales al anochecer. Cada celebración marca su territorio, refuerza su aldea. La agregación administrativa no ha borrado las fronteras invisibles que aún se respiran.
El batuque del lino ya no se escucha en las acequias, pero la levada sigue corriendo fiel a su recorrido de tres siglos. El agua fría besca la piedra con la misma terquedad de siempre, indiferente a asambleas y decretos. Quien recorra el PR21 al atardecer puede detenerse junto a la acequia, sumergir los dedos y sentir la corriente: pequeña, terca, inevitable.