Artículo completo sobre Santa Marta de Portuzelo: piedra, fe y sardinas
Entre viñedos y campanas, un pueblo donde el barroco y las calderetas miden el tiempo
Ocultar artículo Leer artículo completo
La carretera se estrecha entre muros de granito y la luz de la mañana se filtra por las hojas de las vides. Estamos a 4 km de Viana do Castelo, pero el ritmo ya es otro: aquí, en Santa Marta de Portuzelo, sus 3.901 habitantes se reparten por 741 hectáreas que suben y bajan desde los 39 metros de altitud media. El aire huele a tierra húmeda y piedra antigua; al fondo, el bronce de la campana de la iglesia parroquial —fundada en 1746— sigue marcando las horas con la misma regularidad que en el siglo XVIII.
Entre piedra y fe
Santa Marta de Portuzelo conserva dos monumentos catalogados como Bienes de Interés Público: la iglesia parroquial y la capilla de São Sebastião. La primera esconde un retablo barroco de talla dorada atribuido a Nicolau Nasoni y, en la sacristía, un cuadro de Domingos Vieira Lopes (1897-1967), pintor nacido en la propia parroquia. La segunda, levantada en 1757 tras una promesa hecha durante la peste de 1750, conserva el peto de piedra donde el 20 de enero comienza la procesión anual en honor al santo.
La fe marca el calendario. La Festa das Rosas, la primera semana de octubre, se remonta a 1892, cuando el párroco António Augusto Carvalho encargó desde Braga la imagen de Nossa Senhora do Rosário. La festa de Nossa Senhora das Neves, el 5 de agosto, es el regreso de los emigrantes que pasan las vacaciones en la aldea. La Romaría de Nossa Senhora d’Agonia, desde 1772, atrae a peregrinos de Viana que recorren la carretera comarcal 501 a pie, vela en mano, la noche del 19 al 20 de agosto. En estas fechas, los 510 jóvenes de la parroquia se suman a los 911 mayores para los quehaceres de la fiesta: montar el anda de la cofradía —pesa 380 kg—, engalanar arcos con ramas de pino y hortensias, preparar los dulces tradicionales de almendra y las calderetas de sardinas.
En la estela de los peregrinos
El Camino de la Costa, variante portuguesa del Camino de Santiago, atraviesa la parroquia por el trazado medieval que une Viana con Vila Praia de Âncora. La flecha amarilla pintada en 2015 por la Asociación de Amigos del Camino de Santiago guía a los peregrinos por la Rua do Calvário, donde se cruza con la señalización del Camino de São Bento, ruta alternativa que baja hasta el monasterio de São Bento da Porta Aberta en Gemunde. Santa Marta de Portuzelo ofrece 14 alojamientos registrados en Booking desde 2018 —siete casas familiares convertidas, cuatro apartamentos en el centro, tres habitaciones privadas— con precios entre 25 y 45 € la noche. El Café Central, abierto desde 1958, sirve café a 0,65 € y mantequilla de cacahuete casera a los caminantes que llegan con la credencial sellada.
Verde y oro
Estamos en la subregión de Lima del vino verde, con 42 ha de viñedo registradas en la parroquia. La variedad Loureiro predomina en las 18 explotaciones —media de 2,3 ha cada una— que abastecen a la Cooperativa Agrícola de Santa Marta, fundada en 1961. El granito de los muros de lajas, levantados entre 1850 y 1920 según el catastro agrario, contrasta con el verde intenso de los emparrados bajos, técnica introducida por el ingeniero António Augusto de Aguiar en la década de 1890. El aceite mencionado en los registros oficiales procede del lagar de Varziela —instalado en 1947— que procesa la aceituna de la Herdade do Esporão, propiedad de un vecino emigrado al Alentejo desde 1983.
La gastronomía no grita, sino que sostiene: el rojão a la manera de Santa Marta —estofado de cerdo con alubia blanca— se sirve en el Restaurant O Zeferino desde 1976. El pan de maíz del horno de la Rua da Igreja, encendido a las 4 de la madrugada por Maria de Lurdes desde 1992, acompaña el caldo verde servido en la Cena de las Nieves a 3 €. El vino verde de la Casa do Capitão-mor —producido en la quinta homónima desde 1837— corta la grasa del embutido curado en las bodegas de lajas donde se guardan los chorizos de cerdo ibérico, sacrificado tradicionalmente entre noviembre y enero.
Cotidiano entre generaciones
La parroquia vive un equilibrio delicado: 510 menores de 14 años, 911 mayores de 65. La escuela primaria Dr. António Augusto Carvalho —construida en 1954 y ampliada en 2008— tiene 87 alumnos repartidos en 5 aulas. El Centro de Día, inaugurado en 2017 en el antiguo lagar, sirve 35 comidas diarias. Las 741 hectáreas se reparten en un 42 % de monte (pinar y eucaliptal), un 31 % de agricultura (viña, maíz y pastos) y un 27 % urbanizado. La junta parroquial compró en 2019 el edificio del antiguo calabozo —levantado en 1892— para convertirlo en alojamiento turístico, proyecto parado por la pandemia. No es un lugar de Instagram: los 40 puntos de interés georreferenciados incluyen 3 fuentes de granito del siglo XVIII, 2 cruces manuelinas y 1 picota de 1753 trasladada a la entrada de la iglesia en 1942.
Al caer la tarde, el sol bajo ilumina las fachadas encaladas y el granito se viste de ámbar. El silencio no es total: se oye ladrar a Bobi, el perro que lleva 15 años en la Casa do Povo; el motor del tractor de la cooperativa que vuelve del campo a las 19.30; la risa de los niños en el patio de la escuela que cierra a las 17.15. Santa Marta de Portuzelo no promete magia: ofrece el grosor del día a día de quien vive, trabaja y reza en el mismo sitio desde hace generaciones. Y eso, para quien sabe distinguir entre lo auténtico y lo escenográfico, basta.