Artículo completo sobre Santa Eufémia y Boa Vista: lechón, valles y memoria viva
Entre hornos de lechón y el valle del Lapedo, dos parroquias se funden en paisaje y sabor.
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El aroma al lechón asado se cuela desde el horno de Rui, en la calle de los Combatientes, y se mezcla con el humo de las naranjas quemadas en los patios. La parroquia se extiende por colinas bajas a 132 metros de altitud, en un mosaico de chalets de los noventa, huertos abandonados y eucaliptales que trepan hasta las cimas de las gargantas. Aquí lo rural y lo urbano no se contraponen: se entretejen en un paisaje que vive de la prestación de desempleo y de los dos salarios mínimos que cada mañana se llevan los padres a Leiria.
Dos aldeas, una historia reciente
La unión administrativa de 2013 juntó Santa Eufémia, cuyo centro es la iglesia del siglo XVIII y el café de Zé Manel, con Boa Vista, que creció a lo largo de la EN 109 en torno a la fábrica de CIMPOR y a los asadores que abrieron en los ochenta. Santa Eufémia todavía tiene labradores con tierras en la Veiga y la Charneca; Boa Vista respira el tráfico pesado que va al Intermarché y el murmullo continuo de la A8. Caminar entre ambas es entender cómo se adapta la historia: los patios aún conservan higueras y nísperos, pero las nuevas construcciones trepan por las laderas y la densidad de población —206 habitantes por km²— habla más de urbanizaciones que de nacimientos.
El Valle del Lapedo y los secretos del suelo
A tres kilómetros, el Valle del Lapedo es un corte de pizarra donde se halló el Abrigo do Lagar Velho, con el esqueleto de un niño de 24 900 años. Desde 2017, el proyecto EcoPLis tiene laboratorio en la antigua escuela primaria de Apariços, financiado con 1,2 millones por la FCT, donde la arqueóloga Ana Cristina Araújo y el equipo de UNIARQ excavan cada verano. Los voluntarios pagan 300 euros por dos semanas y duermen en el pabellón polideportivo. Visitar el valle es ver el lugar donde apareció el hueso, pero también es encontrar al tío Joaquim que pasta allí sus cabras y recuerda cuando encontró «una muela de ésas grandes» en los setenta.
Lechón, miel y fruta certificada
El Leitão da Boa Vista se sirve en O Afonso desde 1983: 14 euros el plato, 28 el medio, 55 el entero. La piel cruje porque el lechón entra al horno a las 4 de la madrugada y sale a las 11, tras tres horas a 250 grados. Detrás del puesto de la GNR, Celestino tiene 12 colmenas en la Serra da Lousã y vende la miel a 6 euros el kilo, sin certificación: «¿pero quién quiere un sello? Es la misma miel de siempre». La manzana de Alcobaça y la pera rocha del Oeste ya no se cultivan aquí: los huertos desaparecieron y ahora es Sandra, en la frutería de la rotonda, quien las trae de Alcobaça tres veces por semana.
Entre el día a día y los caminos de Santiago
El Camino de la Costa pasa por la iglesia de Boa Vista, pero los peregrinos son raros —tal vez dos por semana en temporada alta—. Lo que se ve son los autobuses de AVIC que llevan obreros a la zona industrial de Leiria a las 7.15 y los traen de vuelta a las 18.30. La población cuenta 1 145 mayores de 65 años y solo 472 menores de 14, según el Censo 2021. Las nuevas familias llegan a las casas de 120 000 euros en el lugar de la Picheleira, pero la escuela primaria de Santa Eufémia cerró en 2019 y ahora los críos van en coche al centro de educación básica de Boa Vista, donde hay 42 alumnos en seis cursos.
La tarde muere despacio sobre los tejados de Boa Vista. En el laboratorio de Apariços, Ana Cristina guarda las bolsas de tierra etiquetadas con «US 12, nivel 4». En los patios, los perales que Adelino no podó están llenos de mosca de la fruta. Y en O Afonso, el lechón ya se calienta para la cena: mañana viene un grupo de España y han reservado 12 enteros.